Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
Gobernar sin partidos políticos constituidos, estables y que defiendan una posición ideológica determinada, es complejo, pero el tema se agudiza en mayor proporción cuando estás saliendo de un proceso autoritario y corrupto que ha gobernado durante años, con representación democrática institucional y sin merma en su capacidad organizativa de movilización, burocrática y presión callejera.
Y es que quienes hoy detentan el poder vienen dejando una herencia maligna en todos los sectores de la sociedad, tales como una economía devastada, una profunda crisis energética, una perversión moral que abarca muchos sectores de la sociedad, un sistema político y electoral perverso que no tiene los estándares modernos de una sociedad democrática, libre y que sienta una representación plena y confiable en sus autoridades elegidas.
Muy claro es que es mejor el sistema de partidos solidos, con raigambre y aun con defectos, que no partidos de conveniencia y fábrica de avales, que han resultado uno de los peores experimentos sociales que hemos tenido en nuestra vida republicana, sin liderazgos con visión de Estado, sin respeto a los acuerdos partidarios, con discusiones apasionadas y poco profundas en el Congreso, sin capacidad para ponerse de acuerdo en los temas que deben trascender, pero prestos para todo tipo de canonjías y componendas. No están ellos para en las gestiones gubernamentales, sino en los propios intere4ses y los de los grupos que representan, normalmente sospechosos. No están definitivamente para luchar contra lo que real y verdaderamente requiere el país y sus gentes, como es lnza en ristre contra el narcotráfico, así como apuntalar la estabilidad económica y política cambiaria y la certidumbre de cumplimiento de las gestiones constitucionales, entre otros particulares y generales aspectos y considerandos.
Hoy estamos ante uno y más problemas generados por la desinstitucionalización del país; esto es, el intento de gobernar con un partido único, a lom que se suma la falta de visión de muchos de nuestros advenedizos candidatos, la mayoría de los cuales inmensamente lejos de saber construir institucionalidad política. Cndidatos de grupos que solo busca beneficios económicos para ellos y sus dirigentes, que se confabulan sin importarles los interes4es superiores de los gobernados, pero que reclaman pata sí cual barril sin fondo más y mayores prebendas; pero nunca para reclamarle al Gobierno por situación que tienen que ver con la salud de la patria.
El problema de fondo en esta situación, es la ausencia de seriedad para que se constituya un sistema político lo verdaderamente granítico, donde los partidos sean instituciones estables, que formen líderes, que se sustenten en las consideraciones mejores, que estén preparados para consolidar la democracia en un Estado que enfrente en verdad los graves problemas que lo afectan y que garantice una salida de fondo a las dificultades estructurales que acusamos; especialmente al ver que los más de los los elementos de una democracia estable y consolidada se han destruido o han desaparecido, y no muestran una vigencia significativa ni importante.
La solución a este tema no es el bloqueo, mental ni de carreteras, sino un acuerdo político de las fuerzas democráticas de cambiar pata bien, hacer un compromiso de crear y fortalecer un sistema de partidos que tengan la capacidad de acordar temas de Estado que nos garanticen una democracia a largo plazo, mejores condiciones de vida para nuestros ciudadanos y una vida en libertad para todos, Miremos con luz larga y altas miras el porvenir de Colombia. No es discutir por discutir, sino pensar el tipo de Estado que queramos construir entre todos y para todos.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista

