Por: Hernando Pacific Gnecco*
Sabemos que la actual forma de comer origina muchas enfermedades crónicas no transmisibles. Desde principios del siglo pasado se viene dejando de lado la alimentación tradicional a cambio de la comida procesada y ultraprocesada, motivando la aparición de patologías como obesidad, hipertensión, enfermedades cardíacas y neurodegenerativas, diabetes tipo II o síndrome metabólico, que eran anteriormente eran bastante raras. Con la industrialización de los alimentos esas enfermedades emergen de manera creciente y sostenida hasta convertirse en epidemia incontrolable en pocas décadas.
Las autoridades sanitarias venían alertando acerca de los efectos de la actual forma de comer; ya se sabía de los peligros del elevado consumo de azúcar, aceites vegetales ultraprocesados, panadería industrial, refrescos artificiales, frituras profundas frecuentes y muchas otras causas de deterioro de nuestra salud. Ojo, pediatras: actualmente, los niños son las principales víctimas; basta ver una fiesta infantil. La carga de azúcar, pigmentos potencialmente dañinos y componentes artificiales cuestionados es vergonzosa y peligrosa; la presión social es enorme. Los efectos son visibles; obesidad infantil creciente, trastornos metabólicos tempranos y propensión a enfermedad cardíaca precoz. Sume usted la tendencia al sedentarismo, el excesivo uso de pantallas (celulares, televisión o videojuegos) y la fácil obtención de una bebida artificial o un paquete con advertencias sanitarias; el resultado es una bomba de tiempo para la población infantil con una carga enorme, progresiva e insostenible para cualquier sistema de salud. Si le agregamos la mala alimentación escolar que se denuncia permanentemente, la catástrofe no se hace esperar. De ahí la importancia de promover buenas costumbres alimenticias en casa, formación nutricional básica en las escuelas para padres e hijos, alimentación escolar nutritiva, salud preventiva y atención primaria; significa un cambio total en los actuales estilos de vida. Los ministerios de salud y educación y sus respectivas secretarías seccionales tienen por desarrollar sin dilación tareas urgentes e importantes.
Hace pocos días el secretario de salud de los Estados Unidos publicó un nuevo enfoque alimentario que cambia el juego una vez más. Propone lo que desde hace mucho tiempo vienen haciendo en el Mediterráneo, así como los médicos y nutricionistas responsables: comer comida real: “las familias estadounidenses deben priorizar los alimentos integrales y ricos en nutrientes (proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales), y reducir drásticamente los alimentos ultraprocesados”, dijo Robert Kennedy Jr. Ahora la pirámide aparece invertida, con los alimentos prioritarios en la cúspide, lo que debe traducirse en un consumo mayor y frecuente de los alimentos ubicados en la zona superior.
¿Qué propone esa nueva pirámide nutricional? Ante todo, eliminar el azúcar añadido y los comestibles ultraprocesados como componentes de la alimentación diaria. Las antes vilipendiadas proteínas y grasa de origen animal ocupan ahora la parte superior, al lado de vegetales y frutas, pescados como el salmón, mariscos, aguacate, aceitunas, frutos secos y granos enteros. Los huevos ocupan espacio primordial en este esquema; además de su alta densidad nutricional, aportan aminoácidos como la colina, fundamental para la salud del sistema nervioso. Los carbohidratos como los tubérculos (papa, yuca, ñame, etc.) deben limitarse, y se prohíben los carbohidratos refinados como las harinas y el azúcar añadido a los alimentos. Los ultraprocesados (comestibles provenientes de fábricas) quedan proscritos. Se apunta también a la buena salud intestinal; es creciente la evidencia que relaciona microbiota y metabolismo, inmunidad y regulación inflamatoria con el tipo de alimentación ahora propuesta. Se fomenta también una limitación significativa al consumo de alcohol.
Desde luego, debe considerarse el contexto; en primer lugar, las condiciones de salud de cada persona, edad, género y costumbres alimentarias, además de las presiones sociales y publicitarias, siempre presentes. Otro asunto son los ignorantes y charlatanes con gran audiencia en redes sociales; no faltan los avivatos que dieron un giro de 180 grados en su discurso tramposo. En nuestro medio, el factor económico pesa demasiado para la adquisición de alimentos sanos y nutritivos, como los propuestos; además, la escasez de tiempo de los padres limita la preparación de comida sana. De cualquier manera, la industria alimentaria ahora. debe reinventarse.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com


Doctor Camilo Gómez Castro, que bueno es escuchar de su profesión y que pienses por el bienestar de las familias.
Cuentas conmigo y con mi familia.
Excelente, gracias Nandi
Como siempre demuestras la calidad de tus pensamientos y escritos
Excelente Dr, se nota el cambio dejando el azúcar y los alimentos procesados baja uno de peso y mantiene el colesterol bajo control, lo importante que considero que puede ayudar a mantener una calidad de vida es realizar una actividad física, tomar bastante agua y dormir entre 7 y 8 horas.
Muy interesante el articulo
Excelente artículo estimado Hernando!!!
excelente artículo