SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ- abogado. Magister en Derecho Público. 

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Vemos a diario que muchos desde su pequeñez buscan desacreditar las voces de quienes intentan comunicar algo y no necesitarían la anuencia de nadie, como igual vemos lo que implica el intento por imponer una forma única de interpretar la vida, de entender a las personas en todas sus dimensiones bajo una idea específica, reducir el conocimiento de la historia a una sola perspectiva. Bastaría con recordar, aunque fuera un poco, las consecuencias de esta lógica cuando se convierte en la bandera y la estrategia de un gobierno que concentra el poder y busca imponer su ideología trazando efectivas líneas de comunicación con la sociedad y estableciendo las bases para un proyecto educativo que le garantice sembrar lo necesario para que el futuro se muestre como un solo camino.

Todo gobierno o al menos en su mayoría, buscan legitimarse minimizando historia y realidad, creando un discurso que cancela todo tipo de crítica, análisis, oposición y dinamita cualquier principio democrático, además que explota en términos electorales y anímicos, es ineficaz e injusto, por cuanto no tienen como principal objetivo buscar el bienestar de la sociedad, razón por lo cual la historia nos habla de la rápida e inmediata eficacia de quienes suelen construir sus plataformas políticas con alternativas que apelan al fracaso de los regímenes anteriores, de un espíritu justiciero y, por supuesto, creando una supuesta moral que los coloca como esas entidades del mal llamado bien que han llegado hasta el punto de revolucionar el presente e inventar un futuro mesiánico.

De  ahí que todo lo que no forme parte de esta manera de entender el ejercicio del poder, no sólo estará en el lado equivocado de la historia, sino que será reducido a etiquetas políticas y sociales que, de manera casi automática, serán descalificado o perseguido según el caso. Reducir la diversidad, la libertad de expresión, la búsqueda por la verdad y concentrar la mentira de una falsa dicotomía, es promover el imperio del maniqueísmo más atroz para cualquier sociedad, por cuanto la polarización es campo fértil para la barbarie que crece bajo esas sombras y son falacias y absurdos que hoy se imponen con alarmante facilidad, lo que lleva a los países al desastre como vemos nos está sucediendo.

Y es que aunque intenten mitigar la evidente polarización que existe en la sociedad a través de retóricas soportadas en una pretendida popularidad y en resultados electorales, casi siempre manipulados para maquillar la realidad, tienen el descaro de sumar a la juventud, sector que malean sin tener en cuenta que será el responsable de conducir al país en el mediano plazo, riesgo peligroso al ser utilizado como simples piezas en el tablero de la polarización, lo que es nefasto para todo desarrollo social, lo que alerta sobre la necesidad de educar para promover el pensamiento crítico, la diversidad de miradas y no en establecer la preponderancia de una sola ideología patrocinada por el poder en turno.

Importa en todo y por todo, la obligación de construir para las generaciones presentes y por venir un país diferente en el que no exista corrupción, injusticia, crimen organizado y un mundo político que deje de pensar en su propio beneficio, a ver si por fin posible pueda ser tener una sociedad libre que a futuro lleven la voz primera.

**Abogado. Analista. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público.

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