JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito*

Importa que como ciudadanos nos contemos, de haberla experimentado, cómo manejar la adversidad, aprender a hacerlo es positivo, aunque lo ideal fuera no padecerla. Sea cual sea su inicio, debería ser materia a aprobar, para saber tener dominio sobre ella y afrontarla, especialmente en tiempos de complejidad que entre nosotros no faltan y arrastran la mala costumbre de ponermos la moral a ras de piso.

Padecemos adversidades de tiempo atrás, como si costumbre fuera, pues es cosa que viene de atrás, haciéndose a fuego lento. Adversidades que nos generan mala salud mental, consecuencia de vivir en ámbitos de baja salud social, misma que se cuece en los entornos en los que trabajamos, vivimos, votamos, nos relacionamos, pagamos impuestos, recibimos servicios y nos sentimos desprotegidos por nuestras instituciones. Entornos ellos que no gozan de buena salud y tampoco trasmiten positivas vibraciones ni buenas ondas.

Las adversidades parecieran agobiarnos, sobrepasarnos, no solo respecto de la salud, sino a todo nivel. Todo lo paraliza, obstruye, obstaculiza y colapsa, trastocando proyectos de vida, modificando aspiraciones, lo que hace difícil gestionar vida en tales circunstancias, proceso que debe aprenderse para ser mejor, debiéndose trabajar su aceptación, ganar en confianza, sobreponernos con optimismo, ver siempre el vaso medio lleno, como ha acontecido con mucho de los nuestros que se agigantan ante ella de forma colosal.

Razones las dichas para practicar el altruismo, la solidaridad, la generosidad; serlo con los demás produce satisfacciones incomparables respecto de cualquier acto de egoísmo que nunca nada compensa. Mirar compasivamente nos hace ver un mejor mundo mejor, ver mejor lo que proyectamos, sentir y cosechar lo que hemos sembrado. Actuar así nos hace entender que la contra de la adversidad es personal, algo que debe salir de adentro, pues no se vende en tiendas, ni nadie la tiene; repito, es personal, lo que debe obligarnos, camino a un mundo mejor, a mirar hacia, a aspirar a tener espíritu elevado.

Ser más nosotros hacia los otros, ayudar a superar lo crítico entre todos, gestionar en medio de lo adverso, actuar con responsabilidad en nuestros actos públicos y privados. Salvarnos todos y no unos pocos o, al menos, tenderle la mano a los demás. Es no darle cabida a oportunismos políticos ni mediáticos, que se encargan, atendiendo particulares intereses, de convertirlo todo en un lamentable espectáculo. El descrédito de ambos, junto al de una sociedad fanatizada, carente de espíritu crítico y fácilmente manipulable por su adicción al consumo y a la tecnología, es espejo en el que nos encontramos reflejados.

Como espectadores de lo público asistimos a los malos espectáculos que se suceden en retorcidas provocaciones, creyendo que con ello están buscadas, encontradas, procuradas y dadas las soluciones que consigan detener la barrena de la falta de oportunidades que desde hace decenios se cierne sobre todos nosotros, cuando lo que interesa es encontrar más pronto que después espacios y tiempos mejores para progresar en contexto de desarrollo, crecimiento, bienestar e integral prosperidad. saramara7@gmail.com

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