JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito

Días estos azarosos contenidos de ansiedades extremas como algunos los ven, en razón a que muchos son los comentarios respecto que la comunidad viene experimentando un mundo de incertidumbres por el proceso electoral, que por momentos se tornan francamente esquizofrénicos. Encuestas acomodadas, contradictorias, especulaciones, pronunciamientos, ataques de ida y vuelta, dimes y diretes, entre otros desatinos, que llevan al borde de un colapso nervioso. Es en definitiva una grande ansiedad, vieja conocida enemiga de la paz mental y la estabilidad emocional, que está llevando a la gente hacia un desequilibrio para nada favorable.

Grave sin duda esta sensación de ansiedad latente en todos los rincones patrios, definida la cual, como la aprensión ante una amenaza a algún valor esencial para la existencia del individuo, ejemplo, el futuro político del país. Se trata de uno de los trastornos mentales más frecuentes. Según la OMS, afecta a más de 300 millones de personas, y es cifra que aumenta significativamente. La ansiedad es una presencia constante que se manifiesta tanto en el cuerpo como en la mente.

No se trata este padecimiento de episodios aislados, sino de una forma persistente de habitar cuerpo y mente. Tensión que se cuela en el sueño, en la postura, en los pensamientos, incluso en los momentos que deberían ser de descanso.  El problema, más allá del malestar que genera, es que nos arranca del presente y nos instala en un tiempo que todavía no existe. En ese sentido, es una emoción profundamente ligada al futuro: a lo que podría pasar, a lo que tememos que pase y sentimos que no podemos controlar.  

Necesita el país, nuestro país, un poder para el ahora, para lo contemporáneo, más cuando lo que hemos vivido en este cuatrienio no ha sido cosa distinta a yerros tras yerros, imprecisiones, imprudencias, imprevisiones, provocaciones, improvisaciones, planteamientos traídos de los cabellos, estolideces por doquier, que han querido hacer aparecer como mágicas soluciones, cuando han sido en verdad grandes disparates, lo que debe recordarnos siempre para no seguir repitiendo descalabros, un recordatorio para no adentrarnos más en angustias y en consecuencia acudir al buen juicio y ver que lo que nos está ocurriendo no es imaginario sino real.

Entender, so pena de seguir a la deriva, que la mente no proyecta hacia adelante por capricho como afirman estudiosos de la temática, sino en un intento de controlar lo incierto. En contextos como el actual, esto se intensifica; de ahí que importante sea pensar más, informarnos más y prever escenarios que nos preparen lejos de la ansiedad. Si bien y desafortunadamente estamos viviendo tiempos ansiosos, no podemos dejar ni permitirnos que el miedo nos trabaje a su antojo. Avante, la patria nos requiere lo más sensatos posible. saramara7@gmail.com

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