Por: Saúl Alfonso Herrera Venhoechea*
Otro aspecto de importancia en nosotros los jóvenes es lo pertinente a la innovación, que en la vida institucional es un pilar estratégico que permite obtener proyectos innovadores en respuesta a presiones emocionales y sociales, lo que impone organizacionalmente que haya calidad en la relaciones internas.
La innovación es la razón de existir para cualquier organización, negocio e instituciones que aspiran a obtener resultados con calidad que posibiliten a sus principales interesados vivir un proyecto con emoción y aplicar sus conocimientos a experiencias reales; de ahí la importancia de formarnos, capacitarnos profesionalmente, apostar por una formación innovadora, ya que la prepotencia en distintos sectores, la falta de ilusión en los equipos profesionales, los equipos personales y los familiares constituyen un terreno difícil en el que investigar e innovar; de ahí que investigar desde la perspectiva de las ciencias humanas, abordar la situación desde una mirada nueva, es decir, con una mentalidad que vaya más allá de lo ordinario, si se quieren obtener resultados diferentes, innovar y, por qué no, descubrir nuevos comportamientos, correr riesgos controlados, desarrollar lo que los mediterráneos llaman “locura lúcida” o lo que los japoneses denominan inductancia mutua o grupo. Vivimos, a escala planetaria, un fenómeno de cambio humano y social que ajusta todas las supuestas verdades de las personales con un ritmo asombroso.
Interesa igualmente y sobremanera el compromiso social, puesto que el liderazgo joven se fundamenta en la unicidad de la problemática juvenil. Por esto, es importante que los procesos formativos cultiven habilidades desarrolladas, las cuales permitan empoderar a los nuevos dirigentes para saber relacionar y buscar estrategias y aliados que continúen con la reivindicación. Además, el nuevo modelo debe visibilizar a los jóvenes que han dado los primeros pasos porque representan modelos ideales para las generaciones subsecuentes. Sin embargo, se necesita un cambio cultural y de mentalidad institucional para reconocer la importancia decisiva de los jóvenes, portadores de riqueza humana, de innovación y de creatividad.
El empuje y liderazgo de la juventud para liderar su propio destino ha impulsado las transformaciones sociales en diferentes épocas de las sociedades a través de movimientos estudiantiles, políticos, promotores de la paz, de voluntariado, de desarrollo humano, comunitario y social. El voluntariado conlleva a construir ciudadanos protagonistas que expresan preocupación, responsabilidad y generosidad para actuar con decisión en la creación de una cultura movilizada para lograr una sociedad justa, en paz, alegre y creadora del bienestar colectivo. Así mismo, promueve la acción ciudadana, en tanto posibilita la participación directa, realizando un compromiso activo y responsable, y contribuye al desarrollo de una ciudadanía activa y crítica, solidaria y corresponsable en la construcción de una sociedad justa y solidaria.
De interés igualmente el empoderamiento, que es el fortalecimiento de la autoestima, la humanidad, la conciencia de capacidad, la autorrealización personal, la capacidad de participar y el control del entorno de las personas. Desarrollar el deseo, la fuerza, los recursos y las competencias para llegar a ser protagonista activo de la vida, capaz de tomar decisiones que afectan no solo a su realidad personal sino a su propio entorno y a la sociedad misma. Considerando lo anterior, el empoderamiento es más que la adquisición de competencias y el desarrollo de habilidades; implica la puesta en acción de las mismas a la vez que la construcción de espacios verdaderamente emancipadores. El empoderamiento no es voluntario ni es viable sin transformación. No se empodera el que ejerce o controla, o considera que tiene la facultad de controlar, dirigir, orientar, guiar, sino el que se considera autónomo, protagonista y asume su responsabilidad en ese sentido.
Como lideres tenemos que estar atentos e ir a las experiencias sobre cómo se puede trabajar en diferentes entornos con jóvenes para promover el empoderamiento que nos permite reflexionar sobre los principios expuestos en el marco referencial. Requerimos organizaciones impulsadas por las administraciones públicas que aglutinen a la totalidad de asociaciones de tipo juvenil con la finalidad de trabajar de forma conjunta en diferentes iniciativas o programas, ya que hay proyectos gestionados aisladamente por las entidades juveniles que muchas veces provocan una competencia que no redunda en el beneficio de los jóvenes, sino que llevan a situaciones de competencia que no facilitan cambios, por lo que debe desarrollarse una interesante clasificación de los distintos tipos de participación, en función de la estructuración y grado de control de la situación comunicativa.
*Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato. Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista
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