Por: José Guillermo Claros Penna*
La actual situación que tenemos como departamento, plantea en lo integral para el Caquetá un escenario que exige mirar más allá de cualquier. coyuntura inmediata, dado que los riesgos no se presentan de manera aislada, toda vez que pueden combinarse, amplificarse entre sí y terminar afectando familias, empresas e instituciones. Por ello, más que hacer futurología, corresponde identificar señales que ya están presentes y prepararnos para los desafíos naturales, sociales, políticos y tecnológicos que ameritan estudios prospectivos, proyecciones y estrategias puntuales.
Los riesgos naturales cuando el clima deja de ser previsible, debe ser uno de los principales factores de preocupación como es la posibilidad de un escenario asociado a l fenómeno del Niño, con temperaturas que estarán muy por encima de lo habitual y que para el Caquetá esto puede traducirse en un déficit hídrico importante por las alteraciones en los ciclos agrícolas, entre otras afectaciones. Además, por cuanto el problema no termina en la falta de agua, ya que habrá lluvias extremas que generar pueden grandes inundaciones, pérdida de vidas, daños en carreteras, aislamiento de poblaciones y dificultades logísticas para trasladar alimentos. Al mismo tiempo, los incendios forestales son una amenaza recurrente. Sequías en unas regiones, inundaciones en otras e incendios en diferentes zonas muestran que la gestión del riesgo climático debe dejar de ser reactiva y convertirse en una política permanente de prevención.
Preocupante igualmente los riesgos sociales, ya que una sociedad bajo presión a nadie conviene. La escasez de combustibles e incremento de los precios, el encarecimiento de los alimentos y otros productos, constituyen factores que pueden incrementar la conflictividad social, ya que cuando transporte, producción y distribución se encarecen, el impacto termina llegando al bolsillo de todos y el riesgo está en que una presión económica sostenida se transforme en bloqueos, movilizaciones y paralización de actividades y bien se sabe que la interrupción de las principales vías de comunicación tiene efectos multiplicadores sobre el abastecimiento y la economía. En este escenario, empresas y ciudadanos deberán fortalecer su capacidad de continuidad operativa y contar con alternativas frente a interrupciones de suministros y servicios.
De otra parte, bien es sabido que los riesgos políticos y la incertidumbre también tiene un costo, la estabilidad institucional es otro factor determinante y las controversias sobre la participación en decisiones estratégicas del gobierno y los cuestionamientos sobre quién influye realmente en determinadas decisiones generan incertidumbre y afectan la confianza. Una economía que necesita inversión, financiamiento y capacidad de recuperación, la incertidumbre política tiene un costo concreto; y si además hay tensiones, las medidas económicas puede enfrentar mayores dificultades, por lo que importa sobremanera la búsqueda de acuerdos institucionales, ya que no podemos como departamento enfrentar al tiempo una crisis económica y otra de gobernabilidad.
Tecnológicamente, hay un frente invisible, el de la ciberseguridad. Existe un riesgo que muchas veces permanece fuera de la agenda pública hasta que ocurre: el cibernético. La digitalización de los servicios financieros, las empresas, el Estado y las comunicaciones crea enormes oportunidades, pero también nuevas vulnerabilidades. Un ataque informático paraliza operaciones, compromete información, afecta sistemas críticos y genera pérdidas económicas y reputacionales. En un contexto de alta incertidumbre, la ciberseguridad debe ser entendida como parte de la gestión empresarial y no únicamente como un asunto tecnológico. La prevención, la protección de datos, la capacitación del personal, los respaldos y los planes de continuidad serán cada vez más importantes, como bien vienen sosteniendo los expertos más connotados del mundo en estas materias, quienes además afirman que en todos y cada uno de dichos escenarios hay que anticiparse; y más, cuando universalmente hablando la experiencia demuestra que los riesgos naturales, sociales, políticos y tecnológicos pueden interactuar y multiplicar sus efectos.
El reto no es predecir exactamente qué ocurrirá, sino estar preparados para distintos escenarios. Se tratade identificar aquello que puede ocurrir, medir sus consecuencias y tomar decisiones antes de que el riesgo se convierta en una pérdida. El departamento de Caquetá necesita aplicar esa misma lógica a su economía, sus instituciones y su sociedad: menos reacción ante las crisis y más prevención frente a los riesgos. Es el camino.
*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista

