Por: José Manuel Herrera Brito
Así como en nuestra muy variada gastronomía hay una receta, deliciosa, por cierto, como son los plátanos en tentación; en la vida pública existen políticos en desesperación que generan desesperanzas, lo que mucho y más se ve cuando cercanas se vislumbran nuevas elecciones. No entienden, entendido o querido nuestros políticos que en ella, la política, la desesperación es pésima consejera, sobre todo cuando las encuestas no los favorecen, cuando la conexión con el electorado se diluye y cuando los argumentos se agotan, de ahí que recurran, y bien que lo vemos, a la fabricación de escándalos mediáticos, sacrificando la verdad, irrespetando a las instituciones, a los electores a quienes se deben, además de la propia legalidad que juraron defender, siendo bastantes los ejemplos paradigmáticos de esta política de la improvisación desesperada que lleva a la desesperanza como quedo dicho.
Crecen los montajes de espectáculos mediáticos, dimes y diretes a granel, correo de brujas, acusaciones graves van y vienen, confesiones y verdades a medias, negaciones a evidencias, irrespeto a las investiduras, señalamientos de gran magnitud sin los respaldos jurídicos correspondientes, respuestas lamentables, nunca la justicia como objetivo. Menosprecio, aleteo y golpeteo político contra los ciudadanos. Procedimientos burlescos. Desconocimiento de todo cuanto refiere conciliación, acuerdo o consenso. Parecen no saber en esa barahúnda que vivimos que quien afirma está obligado a probar, no al revés. Sin embargo, vemos como prefieren la ruta de acuso primero y busco pruebas después vulnerando principios constitucionales fundamentales como la presunción de inocencia.
Barruntos sin confirmar, imprudencias, procederes fraudulentos, denuncias sin sustento, ausencia de elementos probatorios. Pareciera no distinguirse entre una conferencia de prensa y un proceso judicial y que las denuncias no se hacen frente a cámaras, sino que se presentan ante las autoridades competentes con pruebas contundentes, consecuencias de tales irresponsabilidades que se materializan en daños morales. Entienden eso sí, patrón preocupante, que cuando propuestas y trabajo no son suficientes para ganar el favor ciudadano, se recurre a la elaboración de conflictos, a confundir la sensibilidad legítima de algunos pobladores con oportunismo electoral; y, no se detienen a canalizar adecuadamente las preocupaciones ciudadanas a través de los mecanismos institucionales existentes, prefiriendo en todo caso convertirlas en armamento para una guerra política donde las víctimas son la verdad y la confianza pública en las instituciones.
En un país donde la violencia política cada día cobra vidas, donde se promueven confrontaciones soportadas en acusaciones infundadas, donde el desgobierno hace ola, mucho de todo se vuelve no sólo irresponsable sino peligroso en grado superlativo. Entendamos por favor y de una vez por rodas que la desesperación política y electoral no justifica el sacrificio de la verdad ni el atropello de los derechos de los ciudadanos. O nos comprometemos con la transparencia y la justicia, los principios básicos de un buen hacer político y los mecanismos legítimos para canalizar las preocupaciones ciudadanas, o seguimos apostándole a la anarquía y al caos, singularidades nada edificantes, por cierto. *saramara7@gmail.com
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