Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
¿Será que es muy difícil reducir la polarización en un país como el nuestro ávido de acercamientos, entendimientos, consensos, comprensiones, acuerdos, escuchas, convivencia y paz? Nada bueno traen los autoritarismos, constituyen ellos una grave amenaza a la vigencia de la democracia, por lo que requerido es recurrir a elementos de análisis, instrumentos y herramientas de solución sobre este fenómeno o más bien flagelo que tanto, mucho y más lesiona a la democracia. Importante en esto, evidenciar las diferentes aristas económicas y políticas de la polarización, abordar sus orígenes, efectos y ofrecer a gobiernos, ciudadanía y partidos políticos las múltiples herramientas que necesarias sean para aliviarla y superarla en nuestra sociedad.
Es innegable que la incertidumbre que padeciendo estamos ha alejado aún más las distancias económicas y sociales, al tiempo de evidenciar también las limitaciones y la lentitud en las respuestas tradicionales del Estados y este gobierno para afrontar este problema signado de una compleja naturaleza, el cual lo tenemos entronizado y aunado, además de la incertidumbre que nos agobia, a los retos del cambio climático, el aumento de los flujos migratorios, la desigualdad, los problemas de seguridad y los efectos demoledores del crimen organizado, suma de elementos que han generado un caldo de cultivo ideal para potenciar la polarización política, que propicia indignación, protestas, conflictos e impide la construcción de acuerdos y consensos.
Papel crucial han jugado y juegan en esto las denominadas redes sociales, cuyo efecto multiplicador exponencial amplifica y viraliza los mensajes de insatisfacción, división y frustración entre la ciudadanía, ya que cuando la polarización se sale de madre, se pasea por las calles y se instala en la política y ámbito electoral, produce un impacto negativo en los procesos de diálogo entre actores políticos y sociales, quienes se asumen “enemigos” y paraliza las agendas comunes y las soluciones urgentes a las múltiples problemáticas que se acusan, facilitando que el clima de insatisfacción que se vive permita la difusión de mensajes antidemocráticos que giran en torno al desplome de las instituciones que fundamentan la democracia representativa.
Debe abordarse la polarización desde todas las perspectivas y poner de manifiesto la existencia de los asuntos que la permiten, a efecto de avanzar en la construcción de acuerdos en torno a un claro y generalizado entendimiento en el que aprovechados sean las potencialidades que se poseen, ya que de seguir así, ralentizada estará cualquier implementación de propósitos y objetivos, como obstaculizados diálogo y alianzas, lo que no justifica ni tiene presentación alguna; debiéndose, en oposición a lo cual, fomentar e incrementar valores y prácticas democráticas, como el respeto, la tolerancia y el diálogo, entendiéndolos como los mecanismos idóneos y satisfactorios para un desarrollo a todo nivel más incluyente y definitivamente integral.
Sin puentes tendido y sin una adecuada como fluida comunicación, seguirán creciendo exponencialmente las distancias, lo que excluye progreso y bienestar, a la par de dejar el terreno fértil para la vigencia de demagogia, populismo y autoritarismo; razones para que deba y tenga que reducirse la polarización a su más mínima expresión, como único sendero para enfrentar y superar progresivamente las múltiples problemáticas que no acosan, en el entender que sin diálogo y vías de comunicación es y será imposible gobernar con talante democrático.
*Jurista. Columnista. rubenceballos56@gmail.com

