Rubén Darío Ceballos Mendoza

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Está claro y siempre será, como lo afirman con insistencia expertos tratadistas sociales y económicos, que sin un proceso de crecimiento significativo permanente y continuo en por lo menos un decenio, jamás ni nunca podrá superarse la pobreza, como tampoco podrá generarse inclusión social. Claro es también que una sociedad incluyente requiere superar la pobreza. Y no es que solo se explique lo cual, al menos en parte, aseverando que los ricos tienen mucho, sino que existe un grande segmento poblacional que no genera ingresos suficientes que permitan desarrollo y crecimiento, lo que a las claras indica que la esencial razón es que no tienen una actividad económica suficiente que apalanque tales propósitos,

La solución, por lo menos en principio, es generar la expansión de la economía con la implantación e implementación de más empresas en calidad, cantidad y tamaño; especialmente si tenemos en cuenta que todo decrecimiento es excluyente y que el Gini se precipita por debajo de 0.4 cuando la población de bajos ingreso se integra a la generación de bienestar, de ahí que se requiera de más empresas en capacidad de crear más empleo formal, en lo que se denomina crecimiento incluyente, que es el que real y verdaderamente importa en contexto de un integral bienestar .

Construir bienestar e inclusión requiere crecer, entender que muy a pesar de algunos avances en lo económico y social que de hecho se han dado en distintas latitudes, son aún esquivas las oportunidades para un integral progreso, el cual no llega como debiera a todos los ciudadanos. Sigue pesando lugar de nacimiento, estrato extracción social, género, raza a la hora de acceder a las oportunidades que toda sociedad debe generar para todos, particularmente para los menos favorecidos, siempre en desventaja, en las condiciones más difíciles por la coyuntura económica, lo que impulsa trabajar en igualar las oportunidades en educación y servicios públicos de infraestructura básica para que lleguen a todos y no a unos pocos. Es orientar más derechos para más gente y propiciar crecimiento con equidad social.

Importa en alto grado generar capacidad real para consolidar una esfera igualitaria de derechos, toda vez que persisten distancias sumamente notorias e importantes entre los derechos consagrados en los instrumentos jurídicos y el goce pleno, real, y efectivo de esos derechos, siendo imperioso atender las inequidades existentes por el ingreso, como aquellas que son producto de discriminación por identidad o pertenencia de quienes predominan territorialmente, lo que impone a los gobiernos ser articuladores de las acciones mejores para que los derechos lleguen y para promover el derecho a la equidad, no discriminación, crecimiento, progreso, inclusión y prosperidad compartida, con oportunidades para la colectividad, en lo que ayuda el diálogo político con resultados tangibles en áreas claves para la democracia, como son derechos humanos, seguridad y desarrollo integral, lo que significa más derechos para más gente, con sociedades más equitativas y justas.

✍rubenceballos56@gmail.com *Jurista

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