Por: Julián Martín Ruíz Frutos*
En esto de la participación y la democracia, obvio es que, en cualquier circunstancia, la democracia continúa siendo una respuesta, de pronto única, para avanzar hacia una sociedad diversa más equitativa. Un aspecto clave es el nivel y tipo de participación que tenga la población y cómo esta posibilite que los gobernantes respondan efectivamente las demandas sociales, o que representen a sus electores, lo que implica no convertir la democracia en un fin en sí mismo, sino determinar el tipo de democracia que se busca, como es lograr una democracia que recupere su sentido transformador, igualitario, participativo y supere esa visión utilitaria, minimalista y encubridora muchas veces de profundas desigualdades y exclusiones que tiene ahora en muchas partes del mundo. Una democracia como respuesta a los nuevos retos económicos, sociales y políticos a lo que nos enfrentamos.
Es respetar sí o sí la igualdad, principio básico y base que permite la expresión ciudadana en el Estado; y, la solidaridad, como base para privilegiar lo colectivo y el fortalecimiento del tejido social. Un sistema social que no se queda en el crecimiento económico, sino que propone un tipo de vida justo y sustentable, en un marco de libertad y responsabilidad, ideal en el que se relieva el que las personas vivan en comunidad y fortalezcan relaciones e interacciones de reciprocidad, solidaridad y fraternidad, lo que lleva a plantear también que debe darse un paso más allá respecto a esta necesaria y amplia visión mediante una implantación sistemática y permanente de la participación en el quehacer estatal.
Es entender, además de comprender, que lo que se encuentra en disputa no es solamente un conjunto más o menos innovador de políticas públicas sino también, y sobre todo, un pacto político nuevo que además contiene una dimensión de cambio civilizatorio o transformación profunda de las sociedades, que implica un cambio en las ideas, las relaciones entre las personas y la relación con el mundo, siendo algunas de sus manifestaciones el tránsito al conocimiento multidimensional e integrador, la emergencia de lo global, la disminución del poder estatal, la toma de conciencia sobre el respeto por la naturaleza, la construcción de un nuevo tipo de producción y reproducción. La construcción de una bioeconomía; y, la consecución del bien común, la justicia social y la democracia plena., por lo que debe atenderse y tenerse en cuenta igualmente que los cambios pueden resumirse en tres conceptos transicionales: desmercantilizar, democratizar y descolonizar […] des-pensar la naturalización de la democracia representativa y legitimar otras formas de deliberación democrática (demodiversidad); buscar nuevas articulaciones entre la democracia representativa, democracia participativa y democracia comunitaria; y sobre todo extender los campos de deliberación democrática más allá del restringido campo político, así como refundar los conceptos de justicia social al incluir en la igualdad y la libertad el reconocimiento de la diferencia, la justicia cognitiva y desde luego que la justicia histórica.
De esta manera, los modelos de democracia y participación, deben ajustarse a las propias condiciones de los territorios, hacerles un quiebre histórico desde los nuevos gobiernos democráticos e incorporarles mecanismos novedosos, pero sustancialmente propios con propuestas de acercamiento organizadas desde los gobiernos, en los que quepan la planificación y la gestión participativa local, los presupuestos participativos, los centros comunales zonales, los consejos comunales, los comités vecinales y demás otros que en dicha dirección tengan grande repercusión en la ciudadanía y comunidad en general; y, aunque con los resultados que fueren, importa en todos y para todos los casos promover la participación democrática activa en sus diversas escalas.
*Abogado. Columnista . Especializado en Derecho laboral

