lisbeth barraza escorcia - lidereza social- conferencista

Por: Lisbeth Paola Barraza Escorcia*

La inclusión social es un proceso que busca garantizar que todas las personas, especialmente las más vulnerables, tengan acceso a oportunidades, recursos y derechos para participar plenamente en la vida económica, social y cultural de la sociedad, promoviendo la igualdad y el respeto por la dignidad humana, y se enmarca en conceptos clave como igualdad de oportunidades, acceso a recursos, participación plena, respeto a la dignidad, pobreza y exclusión social, discriminación, discapacidad, niñez y adolescencia, mujeres, personas mayores, diversidad cultural, que bien u mejor podemos reflejar en acciones tales como programas de lucha contra la pobreza, acceso a la educación, la salud, promoción de la diversidad y la participación ciudadana, significa además reconocer que todos somos diferentes, con habilidades y áreas de oportunidad únicas; de ahí que interese trabajar en grandes metas día a día para construir una sociedad mejor, labor que solo es posible con el apoyo solidario de todas las personas que somos parte de esta sociedad, en vía a mejorar las condiciones de nuestra ciudad, debido a desafíos como la violencia, la inseguridad, la inequidad y la desigualdad, tener la convicción de hacerlo, ser como luces que se encienden en medio de la oscuridad que nos dan herramientas y nos guían en la misión de contribuir a objetivos tales como promover la inclusión social de personas que, por razones de salud, económicas o sociales, enfrentan dificultades para ejercer derechos como recibir educación, acceder a un empleo y llevar una vida digna. 

Traduce inclusión social reconocer que todos somos diferentes, con habilidades y áreas de oportunidad únicas, como piezas de un rompecabezas. Cada pieza tiene su lugar, y no se discrimina a ninguna, sino que todas unidas forman parte de un todo. Es ayudar a expandir positivos impactos, procurar atención en las más de las áreas, inclusión y visibilización de personas con enfermedades, beneficiar a la niñez y personas adultas mayores, madres adolescentes solteras y comunidades rurales, entre otros sectores. Adelantar diversos programas a los que puedan sumarse más personas, en camino a llevar a feliz término actos de transformación, lo mismo que contribuir a tener territorios más solidarios e inclusivos.

Es darnos a la tarea de construir una sociedad más justa, desafiarnos a ello con iniciativas que nos ayude a conseguirlo. Apostarle a la esperanza. Entender que los peregrinos de la esperanza somos todos los que confiamos, los que no desesperamos, los que perseveramos, los que sabemos que la esperanza no defrauda; razón por el que no debemos caer nunca en la desesperanza, negativo signo de nuestros tiempos, por lo que tenemos que infundir alientos, recobrar la paciencia y reavivar la esperanza de que llegará lo que deseamos.

Como ciudadanos debemos preocuparnos por llevar a cabo alianzas sociales para la esperanza, a través de iniciativas que la devuelvan a quienes la han perdido. Es hacer especiales esfuerzos para lograr la paz, transformarnos para un mejor porvenir, llevar esperanza a enfermos, ancianos, marginados, migrantes, pobres, jóvenes, quienes como signo de esperanza ocupan un lugar especial para reavivarla, puesto que en su entusiasmo por la vida se fundamenta el porvenir y constituyen la alegría del mundo; de ahí la necesidad de combatir a fondo los riesgos de la delincuencia y las drogas, ya que ensombrecen la posibilidad de futuro de muchos jóvenes.

Tenemos que invitarnos siempre a llevar signos de esperanza al mundo, a nuestro entorno familiar, comunitario, laboral. Ser peregrinos de la esperanza, confiamos en que con nuestro aporte todo será para bien y mejor. Ni desesperar. Sí perseverar. Seamos conscientes que la esperanza no defrauda. 

*Lideresa Social. Conferencista. Columnista

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