JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito*

El tiempo pasa y se lleva consigo muchas veces, sobre todo en sociedades poco interesadas en saber de su transcurrir lo acontecido en su seno, generando que las generaciones que se suceden en su suelo desconozcan lo cual y por ende queden eliminados los recuerdos y solo permanecen grabados en la memoria de personas racionales, conscientes que importa conservarlos, acudiendo a la verdad irrefutable que un pueblo sin memoria está condenado a repetirse en lo malo, en lo peor y lo más probable es que no tenga mañana, toda vez que olvida que la memoria preserva el pasado para que le sea útil al presente y a los tiempos venideros, de allí la importancia de procurar que la memoria colectiva sirva para la liberación de los hombres y no para su sometimiento.

Fatal es que se borre de los más, la memoria de los hechos y episodios trascendentales o sencillos ocurridos en el espacio físico y del conglomerado social, dado que esos hechos y episodios contribuyen a la formación del acervo histórico, social y cultural de los pueblos, mismos que no siempre quedan plasmados en narraciones escritas, sino que se conservan gracias a la tradición o historia que se les transmite a las generaciones venideras por tradición oral en continua sucesión cronológica; no obstante, se tiende a olvidar, ya que nos preocupamos solo de la inmediatez, emergiendo en consecuencia nuevas generaciones que no vieron los  acaecimientos ocurridos en su terruño ni en su patria, como tampoco oyeron decir nada sobre esos asuntos. Ignoran por completo lo acontecido y lo que es peor, no se preocupan por indagar sobre ellos, quedando por tanto un vacío en ellos, lo que además de grave es inconcebible.

Desconocer los hechos lleva a desconocer las causas que los motivaron, su desenlace, las secuelas que produjeron y la identidad de los autores. Ignorancia culpable y altamente peligrosa que genera una muy grave vacancia cultural para un amplio segmento poblacional, como es no conocer episodios relevantes buenos o malos sucedidos en su territorio, departamento, región o país. Se magnifica la gravedad en hombres y mujeres, quienes, como ciudadanos testigos de los hechos, deben preocuparse por hacer conocer todo lo inherente a lo público y político, lo que hace grave que como fuerza popular activa que somos con capacidad definitoria en lo electoral, se sigan desconociendo sucesos pretéritos y por ende quedar expuestos como sociedad a incurrir en errores políticos con consecuencias irreparables.

Queda así en vilo el futuro de una sociedad que en su cuerpo colectivo tiene un vasto caudal humano desorientado, ciego, que, alucinado por narrativas inexactas entra a servir incautamente a unos dizque líderes de turno con habilidades para mentir sin escrúpulos algunos; y, desde lo demagógico, se montan en barato y nocivo populismo, produciendo que como sociedad quedemos sumergidos en nebulosas. Hace esto necesario otear en el pasado de nuestras patrias chica y grande para no repetir equivocaciones. Vivimos como país en un cruce de caminos por la pérdida de principios y de valores, acusando además inseguridad, violencia, desolación y muerte en grandes contrastes sociales entre los desmanes de un insoportable derroche social y una pobreza vergonzosa y vergonzante que genera definitivamente cada día y cada vez más, distancias que no la cierra el odio de clases sino la cohesión empresa / empleo / trabajo. Agrietado está nuestro orden público, reemplazado por el caos y la arbitrariedad. Instituciones desacreditadas. Una patética prepotencia despótica que, sin pudor alguno, irrespeta la independencia de los poderes legislativo y judicial, lo que clama un nuevo y coherente orden nacional.

Cada cita para que como ciudadanos concurramos a las urnas debe ser ocasión propicia para recomponer al país. Si actuamos con responsabilidad logramos ese propósito, para lo que es menester hacer pedagogía política, insistirle al votante la importancia de dicho acto; el deber o mejor obligación en provecho patrio de elegir bien; reiterar que vender el voto es afrentar las conciencias; que antes de sufragar debemos examinar a fondo las calidades, cualidades y condición de los candidatos, su pasado, su presente, qué ha hecho y que no, que no arrastre antecedentes reprochables ni vinculación anterior o actual con grupos ilegales o corruptos. Didáctica elemental, básica, que ilustre sobre hechos inadmisibles que nos han lacerado como país, señalar a los causantes de las conductas punibles que ensangrentaron la patria, segaron vidas, depredaron o saquearon el erario y mil acciones más que nos tienen sumido en ignominias, lo que no debería ser más, de nosotros actuar como corresponde, como ciudadanos de bien que queremos para el país y su gente la preservación de sus superiores intereses. 

*saramara7@gmail.com

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