Por: Alfredo León Leyva*
“Hice un bien, y me fue muy mal; hice un mal y me fue peor. Ahora no hago bien ni mal, a ver si me va mejor”. Esto que se escucha en el tema vallenato “El Mejoral”. Caramba, parece que el tema fuese compuesto por un Autista.
¿No hacer bien, ni mal? O sea, sin pasiones. No creo.
El bien como el mal, es un movimiento propio de la materia, así el “momento” en física se define como una medida que describe la tendencia de un objeto a moverse o girar, entendiéndose como una “fuerza” que se aplica a una distancia determinada de un punto de “pivote”; y simplemente, es el efecto de una fuerza que causa que un objeto cambie su estado de movimiento. Y como el bien y el mal, es de dos tipos primarios: Lineal y angular.
El momento lineal es el producto de la masa de un objeto y su velocidad: P = m x v; donde la Masa se da en kilogramos y la Velocidad en metros/segundos.
El momento angular es la cantidad de movimiento de rotación en un cuerpo: L = r x p. El momento angular (L) se da en Kilogramos x metro cuadrado/segundos, donde r es la distancia del punto de pivote hasta la línea de acción de la fuerza medida en metros; y p es el momento lineal del objeto.
Hoy, a un día de elegir el nuevo rumbo del país cuando elegiremos a un nuevo presidente, pareciéramos que viviéramos casi que fiel el recuento de lo expuesto en la comparación hiperbólica de las similitudes entre el bien y el mal; y el momento lineal y el angular.
Y entendemos que somos aptos todos en la democracia para elegir, en nuestro criterio particular para definir qué hacer, pero sea cual sea nuestra decisión no podremos dejar de hacer lo que decidamos hacer. No se vale no tener movimiento, sea lineal o angular el que elijamos, debemos movernos.
Mañana desde temprano tenemos tal obligación, es un deber que nos da derecho a proponer o lo mismo, o lo diferente; y quizá para unos, después lleguen a creer que hicieron un bien y les va muy mal, u otros hicieron un mal y les fue peor, como dice la canción del Mejoral.
Cuál sea tu movimiento, lineal o angular, debe bastarte para estar tranquilo con tu conciencia de ciudadano; así sea que con tu decisión después sientas que te fue: sea bien o mal; pero nunca sientas después que te fue: PEOR, por mantenerte estático y perezoso en la cama del cuarto de tu casa.
He oído desde mi infancia que: No hay mal que por bien no venga. Pero hoy que todo ha cambiado pareciera oír: No hay bien que por mal no venga.
*Ingeniero. Analista. Columnista

