Por: Alfredo León Leyva*
Amangualado es alguien que conspira o confabula para hacer algo que es dañino para otro, solo utilizado en Colombia. Indicativo del verbo Amangualar. Ponerse de acuerdo con una u otras personas para actuar de forma secreta, confabular o tramar algo torcido para perjudicar a un tercero. Verbo y gracia: “Los policías estaban amangualados para borrar la evidencia en su contra”. Es Ponerse de acuerdo con algún objetivo perverso para hacer un complot o una conspiración: “Van A amangualarse para derrotar al enemigo”. En la tradición colombiana, conchabarse (ponerse de acuerdo), compincharse, cuchuvalearse, aconchabarse, y conchisarse son sinónimos de Amangualarse.
¿Desde cuándo y de donde nos trajeron el amangualamiento? Su uso y origen se sitúa en el Lunfardo rioplatense. Jerga original del ámbito delictivo de Buenos Aires y Montevideo usado a finales del siglo XIX, para referirse a un acuerdo secreto y fraudulento en el juego, la estafa y la corrupción.
Y no sé si el término existía en lenguaje utilizado en las planicies de los quechuas, aimaras, guaraníes, mapuches, collas y de los caribes; o en las quebradas tierras de los mayas, chibchas y aztecas, y Tayronas, en donde el respeto por lo ajeno se penaba inclemente.
¿Por qué es de uso frecuente y que se hace común emplear tal término para referirse a una aspiración cualquiera que se pretenda? Ya nada se obtiene en franca lid, todo se adquiere por medio de una manguala.
Deberíamos de abandonar tal distinción lunfarda en la cotidianidad de nuestras vidas, y es presente en lo que vivimos hoy en nuestra patria, en donde el primer mandatario pareciera nacido de una “percanta” rioplatense; y no de una orgullosa chibcha o caribe como seguro es, para ejercer el empleo del aconchabamiento en las elecciones presidenciales de Colombia.
Ya estamos cansados de estos términos lunfardos en nuestra sociedad que reclama no haber crecido en la pampa austral, sino en las quebrados andes, en las planicies boreales de los extensos e interminables llanos; en las empinadas alturas de los chibchas, en las única y mágica mole de los Tayronas; y en las tierras mágicas que embelesan, de sol canicular que enciende las arenas de los desiertos wayú en el caribe. Muy lejos, pero bien distante de la desembocadura del rio de la plata.
Señor Presidente Petro: ¡Deje de amangualarse! Que gane el que el pueblo elija.
Post data: Mis papilas olfativas son alérgicas al olor de la mierda, descubierto así cuando vi a los hermanos venezolanos comiendo de esa. Y no estoy antojado de un bocadito de ella. Valdría hoy decir a mis amigos:
¡Caramba, no sean “come mierda”!
*Ingeniero. Analista. Columnista

