Por: Hernán Cortés Arboleda*
En política, en la buena política, misma que debe hacerse siempre en contexto de un gran ser, hacer y quehacer, es imperativo proyectar firmeza y conexión con la calle, ser empático, acercarse a la gente, escucharla, entenderla y ayudarla a abrirse paso en sus realidades, necesidades, iniciativas, prioridades y demás demandas poblacionales. A la gente nos debemos en política, la cual entiendo y he entendido siempre caracterizada y soportada en lo popular, en la legitimidad de la identidad local, departamental, regional y nacional, lo mismo que influenciada por las necesidades sociales; toda vez que en el mundo contemporáneo debemos seguir como ciudadanos desempeñando un papel fundamental en su configuración, en dirección a que no surjan frustraciones y expectativas incumplidas, sino realidades en beneficio colectivo; de ahí que no deba soportarse ni tolerarse atisbo alguno de ineficiencia, ineficacia, insensibilidad, corrupción, dejadez, atonía y más otras falencias que prolonguen el malestar general en la población, especialmente en la menos favorecida por la diosa fortuna, lo que no debe ser de recibo y no tiene justificación alguna, lo que lleva a que se traduzcan y generen tales incongruencias las protestas colectivas contra los gobiernos y sus líderes, considerados corruptos e insensibles son a la difícil situación económica y social de la comunidad.
Tenemos que contribuir, y debe ser ello tarea de todos, a forjar con solidez real identidades y conciencia generacional global; entende4r que nadie hará por nosotros lo que no seamos capaces de hacer por nosotros mismos, lo que llama entre otras manifestaciones a enarbolar las banderas de la protesta política bien entendida y mejor conducida, para indicar así la la relevancia constante de las generaciones para la política moderna, que entiendo como el sistema de gobernanza que surgió con el Estado moderno, caracterizado por la soberanía popular, la legitimidad nacional y la institucionalización del poder para regular la convivencia social y las decisiones colectivas, como una técnica de poder cuyos elementos incluyen la formación de partidos políticos, la competencia electoral, la elaboración de leyes y la existencia de un sistema político que defina métodos aceptables para ejercer el poder en beneficio colectivo.
No podemos olvidar que en política debemos y tenemos que trabajar día tras día con ahínco, sensatez y sindéresis. Ser prospectivos y estratégicos. Ir tras los resultados mejores para el todo poblacional. Obtener de ella a cambio del trabajo que se le dedica soluciones en beneficio comunitario. Nunca reducirla a mensajes simples y emocionales, sino en consigna y tareas a cumplir bien, fiel y cabalmente. Poner sobre la mesa los debates por espinosos que sean para que la gente se entere y no trague entero. No se puede ser en política miedosos, hay que arriesgar, ser dirigentes competentes, marcar claramente los rumbos mejores y los límites del camino; pero sobre todo, anteponer el interés general, los intereses superiores de la comunidad, a siempre mezquinos intereses particulares, personales o de grupo.
No es ni debe ser la política escenario para la holgazanería, sino para la actividad beneficia en aprovechamiento comunitario, para hacer planteamientos de fondo que lleven a resolver la agenda de las necesidades poblacionales, para dar respuestas rápidas al sufrimiento de los más necesitados, marcar distancia con los parásitos y detentadores del poder que nunca han impulsado nada en positivo, y reafirmar los mejores principios y valores, así como evitar los silencios que se interpretan como complicidad de lo malo y peor. Tenemos que ser creíbles, para lo cual no pueden hacerse concesiones con quienes siempre han estado cuales buitres sobre las prebendas y los presupuestos en detrimento directo de todo cuanto corresponde a la población.
No podemos permitir más que la corrupción marque la pauta. Obligados estamos a oponernos a todo lo que va en directo menoscabo de los sagrados recursos públicos y de los intereses superiores de la comunidad. Por difícil que sean es esta una lucha en la que hay que ir hasta el fondo. Hasta las últimas consecuencia. Bueno es ya de permitir tantos y más abusos en contra de nuestros pueblos y conciudadanos. Necesitamos de todos para que esto no siga siendo más de lo mismo; de ahí la importancia de darnos a la tarea de enarbolar la bandera de consolidar para los nuestros políticas socioeconómicas concretas, que mejoren salarios, vivienda y servicios, comunicadas en un lenguaje cercano; lo mismo que proyectar firmeza y conexión con la calle, con la gente, con la ciudadanía y comunidad en general. Es mi consigna y a fe que lo cumpliré con la ayuda de todos ustedes desde el lugar que me corresponda y en el que me ayuden a estar.
*Dirigente Empresarial. Líder Social, Comunitario y de Derechos Humanos. Columnista
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