Rafael Robles Solano

Por: Rafael Robles Solano*

Continuando con el recuento y repercusiones de la jornada electoral de marzo 13/2022, pasaré a referirme al tema anunciado, intentando ser lo más objetivo e imparcial posible, aunque frente a las duras arremetidas de ambas extremas, es difícil y complicado hacerlo sobre todo cuando se observa como seguirá intensificándose la aguda polarización que enfrentamos por cuenta de sus fuegos cruzados, los cuales solo conducen a generar confusión entre los apáticos e inermes electores.

Entonces me referiré en particular a las conmocionadas reacciones frente a los resultados de las elecciones para el Congreso, porque inesperadamente y contra sus pronósticos, el Centro Democrático (partido de Gobierno) y sus leales aliados políticos, no consiguieron reeditar el poderío que han venido ejerciendo en el establecimiento durante los últimos cinco lustros.

Este impensado resultado para ellos, cifrado en el dominio impuesto entre otros intereses y en el presente caso, gracias a la confabulación resultante de las mermeladas transferidas por medio del levantamiento de la Ley de Garantías y el tradicional control electoral orientado por cuenta de las maquinarias políticas de los feudos regionales, ha sido un duro revés y golpe a sus privilegios partidistas, del que aún no se reponen y que nos está permitiendo conocer y descubrir alcance de sus maniobras para evitar la supuesta debacle electoral, porque si bien perdieron su inmensa y abrumadora hegemonía en el Congreso, ellos continúan siendo mayorías, sin embargo, temen que este resultado sea un trampolín para el advenimiento al poder de las fuerzas de oposición comandadas por cuenta del líder del Pacto Histórico en una primera vuelta presidencial.

Con las reacciones casi histéricas observadas en estas semanas pidiendo un nuevo reconteo o en su defecto, un escrutinio de votos, recordemos como recurren a los antecedentes de las últimas elecciones y en consecuencia, como enfilan sus baterías publicitarias mediante la explotación mediática de los miedos que nos venden, de los rencores y resentimientos de ciertos sectores sociales que de una u otra forma fueron directa o indirectamente victimizados por la violencia regional de las bandas subversivas, de las que no escapan a su vez, aquellos que los que sufrieron por cuenta del paramilitarismo, conduciendo a las extremas a la utilización de los mismos recursos de intimidación en contra de sus contendores, convirtiéndolos en rivales y adversarios sobre los cuales recaen los mensajes difamadores de repudio por cada uno de sus respaldos o aliados partidistas, haciendo difuso distinguir de cual lado de los partidos se destilan más odios, en consecuencia, seguimos padeciendo un gran descontento político y social.

Bajo el panorama descrito, las elecciones del 13 de marzo pasado, representaban una excelente ocasión y oportunidad para que acudiéramos masivamente a las urnas y consiguiéramos la tan anhelada renovación que se necesitaba del Senado y la Cámara de Representantes, pero gracias a los abstencionistas, esto no se consiguió, porque no se logró la anhelada renovación mayoritaria del Congreso, sin embargo, estimo que lo más importante de cara a las venideras elecciones es procurar que no se pierda la unidad nacional necesaria para trabajar juntos por el bienestar del país.

No quiero terminar los presentes comentarios, reiterando de una parte mis reproches en contra de esta mayoría silenciosa de abstencionistas, porque como sostuve en el artículo anterior, resultan ser cómplices de esta oprobiosa situación que no permite la idónea renovación del Congreso y ahora acceder a unas elecciones para Presidente, que se disputen sin las agresivas posturas comentadas en contra de los candidatos con más opciones y en medio de un ambiente de integración pacífica, que es lo que con urgencia se necesita para recuperar la paz de Colombia.


*Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. lideresocial@hotmail.com

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