JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito

Que se sepa, nadie puede ni podrá construir un futuro bajo amenaza, y menos  si no se enfrenta con decisión manifiesta para devolver la esperanza a millones de personas. Tenemos que tener una visión diáfana sobre la seguridad, ya que sin confianza no hay tranquilidad, y sin ella no hay porvenir. Además, tener siempre presente que la seguridad no se mide sólo en estadísticas, sino en la capacidad de una sociedad para vivir sin miedo, para invertir, educar y convivir con certeza, lo que requiere combinar profesionalización, inteligencia, tecnología y empatía, caminos a impulsar siempre, acompañado de servir, de construir seguridad como un derecho tangible para todos, haciendo del robustecimiento institucional y de la cultura ciudadana los pilares de un verdadero cambio y verdaderas transformaciones.

No podemos perder de vista ni por un instante, que para alcanzar la tranquilidad se requieren instituciones sólidas, profesionales, transparentes y cercanas a la gente, dirigir y transformar instituciones, elevar la confianza ciudadana, certificando y capacitando al personal que destinado sea para esta importante como singular labor. Eje fundamental en este propósito es fortalecer aún más inteligencia e investigación, en el entendido y real comprensión que la mejor seguridad es la prevención. No es reaccionar cuando el delito ya ocurrió, sino de anticiparse, leer las señales, entender el entorno y actuar con estrategia, en lo que la tecnología es fundamental, pero más que ello, ponerla al servicio de la ciudadanía y comunidad entera.

El delito de extorsión, doloroso y corrosivo para la vida cotidiana, contar debe con un marco legal importante, lo que coincidir debe con la visión que la seguridad debe proteger el bolsillo, la dignidad y la tranquilidad de las familias y los emprendedores; y además, por cuanto nadie puede construir un futuro bajo amenaza, y enfrentar este delito con decisión es devolver la esperanza a las personas, puesto que la seguridad también es empatía y debe en esto acompañarse a las familias en lo jurídico y en lo emocional. No podemos bajo ningún punto de vista desgastarnos en mil y más forma de entender la seguridad, lo que obliga la armonización normativa. La confianza se logra cuando el ciudadano sabe que, viva donde viva, la ley se aplica de manera justa, clara y efectiva. La seguridad no puede depender de la suerte, sino ser un derecho garantizado a lo largo y ancho de la geografía nacional.

El verdadero como real, que no teórico cambio, en materia de seguridad, radica en la voluntad y la capacidad de llevar a la práctica las mejoras que deben hacerse, cumplir en su desarrollo metas ambiciosas, incrementar el reclutamiento, certificar al personal operativo, multiplicar la protección de inmuebles estratégicos, lograr paridad de género y alcanzar estándares internacionales de calidad. El objetivo es construir confianza con legitimidad, eficacia y eficiencia, todas las horas de todos los días, toda vez que la seguridad no es un asunto exclusivo de gobiernos o policías; es una tarea de todos, autoridades, empresarios, académicos y sociedad civil, quienes debemos trabajar juntos para pasar de la protesta a la propuesta y de la crítica a la acción cuando necesario sea.

Necesitamos en manera importante y urgente seguridad con visión, estrategia, humanidad, medirla para mejorarla, a la par de un liderazgo que comprenda que la verdadera fuerza no está en la imposición, sino en la confianza que generan. La seguridad se logra con orden, cercanía, tecnología, valores, leyes firmes y empatía, caminos a defender y seguir por cuanto la tranquilidad de la sociedad no es un sueño imposible, sino un derecho alcanzable cuando se combina experiencia, voluntad, visión, capacidad y compromiso. saramara7@gmail.com

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