Por: Anny Margarita Herrrera Villa*
Importan en los proyectos sociales describir y analizar crítica y objetivamente los pasos principales en su elaboración y verlos como herramientas de gestión colectiva en la solución de problemas de interés general, enfatizando especialmente en sus implicaciones de implementación y valoración respecto de los impactos y donde persisten escenarios de pobreza y marginación; al tiempo de plantear la necesidad de analizar de manera integral la formulación y desarrollo de los proyectos, en donde se debe poner especial énfasis en la inclusión participativa de los actores involucrados, así como una mayor confianza y legitimidad a las acciones de combate a la pobreza o de promoción del desarrollo, así como sugerir pautas y recomendaciones en el proceso de gestión que sean útiles en contexto de integralidad.
Los proyectos son herramientas estratégicas para la toma de decisiones de organismos gubernamentales y sociales, son expresión técnica de soluciones a problemas de interés general y un medio para cambiar situaciones desventajosas o problemáticas hacia puntos convenientes en beneficio de la sociedad. En su diseño se deben exploran las mejores opciones para llegar a los objetivos y metas que se desean alcanzar, planeando etapas y rutas tendientes a su logro, así como elaborar propuestas para satisfacer necesidades sociales y modificar las condiciones de vida de las personas, con el fin de mejorar la cotidianidad de la sociedad en su conjunto, o al menos de los grupos más desfavorecidos, tratando de beneficiar calidad de vida, trabajo y entorno en general.
Muchos de estos proyectos buscan generar ingresos para grupos vulnerables, empoderar a mujeres; son proyectos que desde una escala microsocial combaten desnutrición, hambre, pobreza, violencia familiar, escolar y laboral, además que procuran salud, arte y cultura, rescatan tradiciones, costumbres, impulsan acciones ecológicas y de protección al ambiente, entre otros particulares y generales aspectos.
La gestión de proyectos sociales, motivan ejercicios de valía que conciben aportes reflexivos para la toma de decisiones en contextos de diseño y operación de proyectos sociales, con la intención de enriquecer el análisis metodológico de la gestión social y profundizar la dinamización de los territorios, especialmente de aquellos en situación de pobreza.
Importan en ellos análisis reflexivo en torno a los pasos principales que de manera convencional sigue la elaboración y desarrollo de un proyecto social, siendo su intención examinarlos a partir de su dimensión técnica y sus implicaciones sociales, económicas e institucionales al momento de diseñarlo y gestionarlo desde lo local. Son los proyectos sociales y su planeación esa herramienta que permite inducir un cambio a partir de las iniciativas de los actores que interactúan en un territorio o sector específico. La transformación social en ruta de proyectos implica una gestión local que construye nuevas estructuras de oportunidades y mayores espacios de libertad para los habitantes, creando un entorno favorable para el despliegue del potencial de los territorios, camino a revertir situaciones desventajosas que impiden el desarrollo local, el cual se conceptualiza como la capacidad endógena de crear bienestar económico y social como bien sostienen Boisier.
De ahí que interese suponer que el cambio estructural desde la base social puede partir de proyectos estratégicos integrales de carácter local y comunitario, que impliquen la participación de los diversos actores en procesos de creación de valor y generación de bienestar económico y social. Se trata de una perspectiva microsocial y regional, que puede crecer a distintos niveles territoriales de acuerdo con la evolución de un proceso de gestión local, que en perspectiva de gestión de proyectos implique un proceso de microplanificación local, de abajo hacia arriba, pero sin desconocer la importancia de la planificación de arriba hacia abajo, buscando en todo caso armonizar sus objetivos con los planes oficiales territoriales de los órdenes que fueren.
Esquema este de microplanificación que demanda acción colectiva y movilización social. De ahí que la participación local de los ciudadanos sea un requisito imprescindible, como señala Weitz, quien manifiesta que “la participación activa de la población local en los proyectos de desarrollo constituye un factor de importancia crucial para el desarrollo integrado, dado el requerimiento de cambios en la estructura social y una máxima movilización de los recursos humanos y naturales locales”. Por todo lo expuesto, los proyectos a los que aludimos se refieren a proyectos sociales de pequeña escala situados en el espacio local, que pueden ser evidenciados en pequeños negocios, unidades de producción familiar, microempresas y demás iniciativas de carácter local que, agrupados, pueden detonar esquemas de desarrollo local para las zonas rurales y marginadas. Se trata de proponer estrategias productivas en tiempos donde la globalización económica impone una cultura centrada en el consumo, la cual puede inhibir las capacidades emprendedoras de la población en general.
Bien se ha sostenido en consecuencia por expertos planificadores, que la aglomeración de iniciativas y proyectos de pequeña escala en el espacio local crean círculos virtuosos de prosperidad, que pueden ser observables en la articulación de cadenas productivas regionales, vinculaciones institucionales o mercantiles que generan y retienen la riqueza en un territorio específico. Algunos casos relevantes en este contexto de articulaciones locales para el desarrollo han sido estudiados desde la línea de los sistemas productivos locales, los sistemas agroalimentarios localizados, los clusters, los enclaves y los corredores productivos, entre otros muchos.
*Ingeniera Industrial. Especializada en proyectos de Desarrollo
TEMA ENLAZADO: PROYECTOS SOCIALES (II)

