Por: Saúl Alfonso Herrera Vengoechea*
Santa Marta posee hitos de los que conviene hacer memoria de manera constante, a efecto que no se nos olviden y nutran con sano orgullo lo que ello debe producirnos, algunos de los cuales son lugares, patrimonios intangibles o inmateriales, tales como tener en nuestro espacio terreno la montaña más alta del mundo en cercanías de un litoral; un collar de playas, bahías y accidentes geográficos envidiados por la comunidad de naciones; una flora y fauna endémica objeto de admiración y estudio por científicos del mundo; un ritmo madre como la cumbia cuya prehistoria se encuentra en la Villa del Rosario de Gaira, como bien lo documenta el investigador folclórico y cultural, economista Guillermo Barreto Vásquez, del que se desprende cientos de ritmos y es clara su viva influencia en toda Latinoamérica; una gastronomía sin igual; campeones de talla universal; admirables paisajes una y más veces exaltados por instituciones especializadas del área; un muy rico patrimonio cultural; y, muchos otros que someter debemos a una concienzuda investigación, verificación, análisis y debate, que nos lleven a serias conclusiones que a su vez nos permitan su preservación en la memoria colectiva, lo que es nuestra responsabilidad como ciudad.
Impulsarnos debe lo cual para que seamos especiales, gente capaces de sobreponernos a las dificultades y generar nuevas oportunidades. Dejar de ser una ciudad calificada como peligrosa para convertirla en ejemplo de resiliencia, innovación, bienestar prosperidad y progreso. Valorar nuestras raíces y tradiciones. Apostarle a las nuevas expresiones culturales y artísticas que la hagan destino preferido y obligado para quienes deseen apreciar la belleza natural. Entender que las transformaciones urbanas traen oportunidades o, simplemente, divertirse y hacer negocios. Por estas razones y muchas más, quienes habitamos esta ciudad debemos sentimos orgullosos de lo que hemos construido juntos y miramos al porvenir con optimismo y esperanza.
Necesitamos que sea Santa Marta una ciudad que nos llene de sano orgullo. No rendirnos ante las adversidades. Sobreponernos a todos los obstáculos. Aprender que es posible lograr todo lo que nos propongamos. Trabajar con un norte claro. Unirnos para aportar y hacer las cosas con pasión. Que los retos y desafíos den a nuestros dirigentes y habitantes todos el temple necesario para sacar adelante los planes, proyectos y programas.
Que evidente y cierta sea la hospitalidad de nuestra gente, su capacidad para emprender y sobreponerse a los problemas, la verraquera y optimismo con que construye su propio futuro y el respeto y valoración de sus ancestros y tradiciones, convencidos que este es el mejor lugar para vivir y progresar.
Muchas y más deben ser las razones para sentirnos orgullosos de ser samario, como es poder constituirnos en ejemplo y modelo de resiliencia y pujanza, superar desafíos, reinventarnos y construir nuestro propio desarrollo con la unión de los sectores público, privado, académico y solidario, y con la contribución de toda la ciudadanía; así como hacer que el sentido de pertenencia y la solidaridad de los nuestros se ponga a prueba, nunca decepciona y seamos una ciudad que tenga un lugar para todos. Debe darnos Santa Marta, siempre y definitivamente, una razón para sentirnos orgullosos.
*Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato. Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

