Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
Referirnos a nuestro Centro Histórico es hablar de su origen, pero también de una ciudad que no ha avanzado como debiera. En sus calles, plazas, edificaciones y gran parte de su entorno permanece aún la memoria de una sociedad que construyó una identidad propia, marcada por la arquitectura colonial y republicana, la vida comunitaria y un sentimiento de pertenencia que parece diluirse entre un avance no del todo ordenado.
Un centro histórico no es solamente un conjunto de edificios de ayer, sino el ámbito donde convergen historia, cultura, comercio, tradiciones e identidad. Sus inmuebles patrimoniales, sus plazas, la Catedral, algunas casa con patios interiores, así como las calles que aún conservan parte de su trazado original, que constituyen un patrimonio material e inmaterial que nos diferencia de cualquier otra ciudad. No obstante, es patrimonio que sigue enfrentando un deterioro progresivo. Muchas edificaciones históricas presentan un evidente abandono; otras han sido demolidas o alteradas sin respetar su valor arquitectónico. La migración de residentes hacia nuevas zonas urbanas lo transformó en un espacio predominantemente comercial, reduciendo la vida comunitaria que durante generaciones caracterizó al centro de la ciudad.
Se suma a todo ello problemas de congestión vehicular, ocupación desordenada del espacio público, inseguridad, contaminación visual y escasos incentivos para que propietarios inviertan en la restauración de inmuebles patrimoniales. Como consecuencia, se pierde atractivo para los ciudadanos y visitantes, mientras continuamos expandiéndonos hacia la periferia; razón por la que la revitalización del centro histórico no puede limitarse a intervenciones estéticas o campañas temporales, sino que requiere en manera urgente una política pública sostenida, construida con visión de largo plazo y con la participación de autoridades, vecinos, empresarios, universidades, gestores culturales, ciudadanía y comunidad en general.
Se impone recuperar la función residencial del Centro histórico para que permanezca vivo y bien habitado. Establecer incentivos tributarios, programas de restauración y facilidades para adaptar inmuebles patrimoniales a viviendas, hoteles boutique, residencias estudiantiles o espacios culturales que pueden contribuir a devolverle un superior dinamismo. Fortalecer la protección del patrimonio arquitectónico mediante normas claras y controles efectivos que impidan demoliciones o intervenciones que desvirtúen el valor histórico de las edificaciones, dado que conservar, como afirman los entendidos en la materia, no significa congelar la ciudad, sino permitir que evolucione respetando su memoria.
La movilidad es otro clave aspecto, ya que un centro histórico amable pensado para el transeúnte, con calles transitables, ciclovías, transporte público eficiente y estacionamientos periféricos puede recuperar la experiencia urbana sin sacrificar para nada la actividad económica. Importante y urgente lo atinen a la cultura, que sí o sí convertirse debe en uno de sus principales motores para alcanzar esa tan necesaria reactivación. Museos, galerías, casas y peñas culturales, festivales, mercados artísticos y artesanales, circuitos gastronómicos, actividades musicales y demás expresiones artísticas permanentes seguro que le devolverán al Centro Histórico una identidad viva, capaz de atraer tanto a turistas nacionales y extranjeros, como a los propios nativos.
Pero más que nada y grande desafío es recuperar el sentimiento de pertenencia en lo que mucho he insistido a través de muchas mis columnas, en el convencimiento que ninguna inversión será suficiente si la ciudadanía en particular y comunidad en general deja de reconocer nuestro Centro Histórico como parte esencial de nuestra identidad. Las ciudades modernas no renuncian a su historia. Antes, por el contrario, la incorporan como parte de su desarrollo, por lo que no puede convertirse nuestro centro en un ámbito vacío ni en un espacio condenado al abandono, sino volver a ser el corazón cultural, social y simbólico de Santa Marta.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista. rubenceballos56@gmail.com

