Por: Yeiny Paola Rodríguez Rivera*
Interesa desde todo punto de vista estudiar y analizar profundamente la agricultura rural, toda vez que además de las protestas actuales, hay fuerzas oscuras que van transformando nuestro campo y exigen repensar, lo mismo que debatir nuestra agricultura, afectada por movilizaciones, revueltas, despojos, el libre mercado, la exclusión, la toma de carreteras con participación de grupos variopintos demandando mil y más soluciones.
Requiere la agricultura rural ser ordenada con justicia y sostenibilidad, ser concebida en excelente forma, con cuestiones a mejorar y comunicarlo bien a la población objeto primeramente y al país, a efecto que no sean aprovechados los avances por acaparadores, negociantes, intermediarios, gobierno y políticos para revolver el río y desinformar sobre el tema, provocando el pánico de muchos productores, quienes sienten que peligran en su comunión con la tierra que labran y cultivan.
Es por ello que cuando eso sucede, señalan teóricos y expertos, se generan movilizaciones más emocionales que racionales, impulsadas por el sentimiento de privación relativa, que es cuando la gente siente que está en peligro de ser privada de algo que ya tiene, así se parta de premisas falsas y porque se yuxtaponen aspectos y demandas contra los efectos de las políticas contra la intervención del Estado en el ordenamiento y la gobernanza de la tierra.
Sea como fuere, se trata de lograr que institucionalmente se vaya más allá del diálogo y se organicen mesas de trabajo para solucionar lo mayormente importante y para trabajar en mejor forma sobre lo sustancialmente inherente a este tenor, con modificaciones y precisiones a la para disolver los motivos de la incertidumbre, así como con acuerdos de importancia para revisar el modelo y las políticas agroalimentarias, como la gran oportunidad para resolver de manera puntual la problemática actual y emprender una gran reflexión y debate colectivos sobre el modelo de la agricultura rural y las agriculturas nacionales.
Las políticas en este campo deben dirigirse al conjunto de las agriculturas patrias, privilegiar a todo el sector productor, subvencionar con iguales subsidios, intenciones redistributiva, privilegiar los apoyos con programas como Producción o Fertilizantes para el Bienestar , en lo que se incluyan a todas las comunidades, con el propósito que los poderosos no dominen el mercado de los alimentos y los insumos agrícolas, más cuando es evidente que evolucionan los hábitos alimenticios y el cambio climático impacta en materia grave al mundo rural.
Por todo lo expuesto, es necesario repensar y debatir la forma de incluir a todas las agriculturas que coexisten en nuestro país, que se ubique a cada una de ellas en su aporte, su horizonte, los recursos que requiere y su forma de relacionarse con las demás, especialmente por cuanto hay temas básicos, de solución inmediata, que deben ser centrales: la planeación de qué se va a producir, para qué y en dónde, con qué agua y efecto en los recursos naturales y entender que el ordenamiento de los mercados es clave para mejorar los precios al productor y al consumidor y controlar los oligopolios.
El financiamiento y los seguros no deben ser restringidos sólo a un grupo de productores comerciales e inaccesibles para una gran mayoría de productores. Ubicarnos en el mercado global sin más demoras y con cobertura real y con dignidad de todos los derechos en la procura de una verdadera seguridad y paz en el campo. No interesa para el campo una política agrícola excluyente y tendiente al acaparamiento, sino inclusiva, no subordinada de todas las formas de agricultura y precisar el papel del Estado hacia cada una de ellas; de ahí la necesidad de rediseñar de manera participativa lo que sería una especie de pluralismo agrícola, con justicia, sostenibilidad y productividad. Tarea necesaria.
*Asesora Comercial. Estudiante de Administración de Empresa. Columnista

