Por: Hernando Pacific Gnecco*
Varias veces hemos mencionado la preocupación por el giro que han dado las comunicaciones; una batalla declarada entre los medios digitales tradicionales y las redes sociales buscando captar la atención de los ciudadanos, que se han traspasado los límites éticos y morales. Por mucho tiempo la comunicación social fue unidireccional, influyente en la información que consumían los ciudadanos y en la dirección del país, casi siempre con tendencia gobiernista; las noticias y opiniones llegaban filtradas y, en ocasiones, censuradas. Pocos se atrevían a ir en contra del statu quo; los pocos periodistas valientes que lo hacían eran marginados hasta desaparecerlos desde el punto de vista periodístico. Una especie de veto profesional por no marchar en la dirección “indicada”.
Las redes sociales provocaron un giro radical; la información ahora puede provenir de cualquier ciudadano del común, en tiempo real y sin alteraciones; por esta razón surgieron los influenciadores. Algunos de ellos tomaron partido político, opinan sobre los hechos, defienden sus ideas y se contraponen a quienes piensan distinto; luchan por influir en sus seguidores, no solo en busca de likes, sino mostrando las razones de sus posturas. Muchos utilizan las noticias falsas, la posverdad y, en casos más extremos, la calumnia y la difamación contra sus opositores. En las redes, la actividad espanta.
Los medios tradicionales no se han quedado atrás; también entraron en ese esquema. Opinan, difunden noticias, permiten comentarios de su audiencia y lo que tal dinámica permita. No faltan medios y periodistas que se comportan como influenciadores radicales; en esos casos, más vale un click en sus páginas que la verdad. No obstante, por primera vez, los medios tradicionales están en desventaja frente a varias redes sociales, tal como lo menciona el Instituto Reuters, vinculado a la Universidad de Oxford, que analiza el consumo global de información. La empresa YouGov analizó a 97.000 personas en 48 países, Colombia incluida, corroborando esos hechos. En Estados Unidos, las redes ya superan incluso a la televisión como fuente de información; los poderosos medios compiten con distintas figuras que participan en el discurso noticioso.
América Latina está a la vanguardia en esta nueva forma de información. Facebook es desafiada por Tik Tok, mientras X permanece como la primera “fuente de información”. Claramente, hay noticias tendenciosas o falsas, compra de seguidores (bots, realmente); la inteligencia artificial y otras tecnologías afectan la calidad y la distribución de la información. La mayoría de las personas consume información sin análisis ni seguimiento, en especial los menores de 25 años.
Todavía más: muchas personas no saben que dialogan con chatbots, que pueden responder en más de 60 idiomas. Manipulación de criterios.
La tensión es evidente; están en juego la calidad informativa, la veracidad y la objetividad, así como la ética periodística y la confianza pública hacia la prensa tradicional. Hoy, con la IA, los medios pueden responder a gran velocidad y enfrentar los retos que proponen los influenciadores en las redes sociales; pero la automatización de grandes volúmenes de noticas tiene el riesgo del sensacionalismo o de las noticias engañosas buscando audiencia, lo que representa ingresos y permanencia en la batalla. La falta de correlación entre los titulares y el contenido genera una experiencia negativa en el usuario y pérdida de credibilidad; esta situación (clickbait) no aporta valor a esos sitios web.
Las redes usan la IA para personalizar y distribuir contenido masivo a muchísimos usuarios sin mayores filtros; se apunta al factor emocional para atraer audiencia.
La prensa tradicional seria debe competir contra la falta de transparencia de los algoritmos. Pero esa IA puede ser utilizada negativamente para vigilancia masiva y censura automatizada, afectando la libertad de expresión. Es necesario regular los algoritmos y preservar los principios éticos, respetando los derechos humanos y la privacidad. Merece insistir en la formación ética y gestión profesional del periodista. Además, implementar herramientas digitales contra la desinformación, y permitir la participación ciudadana. Urge que los desalineados retomen el buen camino.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista
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