Por: Lisbeth Paola Barraza Escorcia*
Proteger a la niñez no debe ser nunca un trámite, sino un acto de justicia profunda, de amor. Un acto político en el mejor sentido de vocablo, exigido de convicción y voluntad desde el más encumbrado de los niveles. En ello el Estado no puede fallarle a la niñez. No más niños que lleguen a los centros asistenciales después de haber vivido violencias de todo tipo: física, sexual, psicológica, abandono o incluso la realidad dolorosa de haber sido expósitos, que son aquellos bebés recién nacidos abandonados, quienes además, pese a llegar vulnerados se enfrentan a un sistema que no está preparado para protegerlos como debería ser.
No existe entre nosotros un padrón real de cuántos menores están institucionalizados en asistencia social, los expedientes normalmente apilados están incompletos y sin seguimiento, falta de orden que tiene un efecto directo, cual es la revictimización, ya que no se puede de esa manera garantizar sus derechos. No cuentan realmente nuestra instituciones con el personal idóneo suficiente ni capacitado para dicha tarea de acompañamiento desde el el primer momento, muchos niños y adolescentes llegan sin que siquiera se tenga certeza de su edad, de su situación de salud, de su historia de violencia, ni se indaga como debe ser también la existencia de familiares que fueran viables y pudieran recibirlos temporalmente, lo que amerita el claro objetivo de poner orden, proteger y garantizar los derechos de la niñez desde el primer minuto.
Situación que obliga un padrón completo y actualizado donde se registre ando por primera vez fecha de ingreso, situación jurídica, existencia de carpeta de investigación y posibilidad de adopción, fortalecer todo ello con un equipo profesional multidisciplinario, enviar personal de tiempo completo a las instancias especializadas que permita identificar si existía una persona consanguínea viable para recibirlos, y así el derecho a vivir en familia deje de ser una aspiración y se convierta en un eje rector de cada caso.
Para los casos donde no exista familia ampliada, importa que se adopten buenas prácticas internacionales con el acompañamiento del UNICEF y demás otras instituciones a dicho tenor, se cree un sistema de familias capacitadas voluntariamente para cuidarlos temporalmente en tanto se les encuentre un hogar definitivo, en el entendido que la institucionalización debe ser la última opción. Es reducir el número de institucionalizados, recuperarles su derecho a vivir en familia mediante el involucramiento de sus familias ampliadas, de algún hogar, o bien, mediante el comité de adopciones. Se muestra con ello la fuerza con la que renacen los niños cuando se les ubica en un entorno amoroso y estable, en la verdad que niños y adolescentes no deben seguir relegados a un tema secundario ni convertirse en un capítulo olvidado de la agenda pública, por lo que debe ser y tratarse este asunto como prioridad que permita que los cambios estructurales dejen de ser promesas y se conviertan en rutas claras de acción, visión con la que se lograrán más temprano que tarde los grandes alcances que esta problemática requiere.
*Lideresa Social y Comunitaria. Conferenciante. Columnista

