Melanio ZUÑIGA HERNANDEZ

Por: Melanio Zúñiga Hernández*.

Con la llegada de la navidad, el consumo, así como el empleo, tienen un fuerte impacto en las economías. Impacto que se entiende muy necesario en un escenario muy desgastado por la pandemia que trajo una desaceleración que llego acompañada de las tensiones políticas y sociales.

La navidad es una festividad que, sea en el lugar que sea, produce un efecto directo en el consumo para la economía; púes con la llegada de estos días tan anhelados, cuando la gente sin detenerse a mirar la reactivación de los contagios del Coronavirus COVID – 19, se echa a las calles, buscando los regalos que acompañarán a todos los familiares en estas fiestas tan especiales.

La dinámica económica así entendida, integra todos los sectores del circuito económico, tanto que muchos de estos, entre los que se incluye a la hostelería, el transporte, así como otros muchos, se ven beneficiados de forma directa como indirecta.

El simple hecho de regresar a casa por navidad, la cena de empresas, los regalos de Santa Claus, las comidas con familiares y amigos, los encuentros con nuestra gente son situaciones a las que, evidentemente, acompaña un gasto, convirtiéndose en un gran atractivo dinamizador para la economía en la mayoría de los países a nivel mundial.

Conviene señalar, no obstante, que la recuperación económica mundial y de Colombia continúa en medio del resurgimiento de la pandemia, lo que plantea retos excepcionales para las políticas económicas durante el próximo año, considerando que la disparidad entre las recuperaciones previstas en los distintos grupos de economías avanzadas y los países en desarrollo de bajo ingreso, se han profundizado aún más; en el entendido que en los países de ingreso bajo, los efectos de la pandemia están anulando los logros que se habían conseguido en cuanto a la reducción de la pobreza y están agravando la inseguridad alimentaria y otros problemas de larga data.

Informes de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco mundial entre otros, presagian que la recuperación económica mundial continúa, pese al resurgimiento de la pandemia, a pesar de que las fisuras que generó la COVID-19 parecen más persistentes; pues se trata de divergencias a corto plazo que se prevé que dejarán huellas duraderas en el desempeño económico a mediano plazo y que obedecen más que nada al acceso a vacunas y al rápido despliegue de políticas de apoyo.

La veloz propagación de la variante delta y el peligro de nuevas como ómicron que empieza a aislar y paralizar a Europa, con efecto incidental en Estados Unidos, Canadá y otros países, multiplican las dudas sobre la celeridad con la que se podrá superar la pandemia, cuyo impacto en la economía es evidente desde el año 2020, y que ha complicado la selección de políticas adecuadas para enfrentar retos multidimensionales con un limitado margen de maniobra, como son la desaceleración en el crecimiento del empleo, la inflación creciente, la inseguridad alimentaria, los reveses en la acumulación de capital y el cambio climático.

A pesar de contar con un panorama tan incierto, tanto el fondo Monetario como el Banco Mundial consideran que, la economía mundial crezca 5.9 en el 2021 y un 4,9% en 2022, mientras que las economías emergentes crecerán en el 5.1%. (0,1 puntos porcentuales menos en 2021 que lo previsto en la Actualización de julio de 2021 de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO).

La revisión a la baja de las proyecciones de 2021 refleja un deterioro en las economías avanzadas debido en parte a los trastornos del suministro, y en los países en desarrollo de bajo ingreso a la desmejora de la dinámica creada por la pandemia. Esa situación se ve compensada en parte por las mejores perspectivas a corto plazo de algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo que exportan materias primas; a pesar de lo cual se prevé que el empleo continúe rezagado respecto de la recuperación del producto.

Más allá de los pronósticos para el 2022, se espera que el crecimiento mundial se modere alrededor de 3,3% a mediano plazo, en el entendido según los pronósticos, que el producto de las economías avanzadas superará las proyecciones a mediano plazo previas a la pandemia, en gran medida gracias a la sustancial política de apoyo adicional para las empresas prevista en Estados Unidos, que incluye medidas destinadas a estimular el potencial. Por el contrario, se prevén persistentes pérdidas del producto en el grupo de las economías de mercados emergentes y en desarrollo debido a la mayor lentitud de las campañas de inmunización, y en términos generales a un menor apoyo de las políticas en comparación con las economías avanzadas.

Hoy en muchos mercados emergentes y economías en desarrollo, las dificultades que se presentan en cuanto a la vacunación siguen afectando la actividad. Se espera que para el 2022 las pérdidas de ingresos per cápita que se produjeron en el último año no se habrán revertido por completo en casi dos tercios de los mercados emergentes y economías en desarrollo. Las perspectivas mundiales siguen sujetas al riesgo de que la situación se deteriore, por la posibilidad de que haya nuevas olas de COVID-19 y tensiones financieras en medio de los altos niveles de endeudamiento de dichos mercados y economías.

En términos generales, los riesgos para el crecimiento económico se inclinan a la baja, siendo el principal motivo de inquietud la posibilidad de que aparezcan variantes más agresivas del virus SARS-CoV-2 antes de alcanzar un nivel generalizado de vacunación.

Adicionalmente se incorporan a lo anterior riesgos latentes como el de la inflación que se inclina al alza y que podría materializarse si los desfases entre la oferta y la demanda producidos por la pandemia persisten más de lo previsto, y si el daño al potencial de suministro de bienes para la industria y sectores conexos como el agro resultan peor de lo proyectado; lo cual generaría presiones de precios más sostenidas y crecientes expectativas inflacionarias que anticiparían la normalización monetaria en las economías avanzadas. (véase también el Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR) de octubre de 2021).

En la mayoría de los casos es igualmente preocupante la creciente inflación  producto de las presiones  entre la oferta y la demanda relacionados con la pandemia y del alza de precios de las materias primas, respecto del bajo nivel de base que registraban hasta principios del año 2020; las cuales persistirán de acuerdo con los pronósticos en algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo, por los elevados precios de los alimentos, los efectos rezagados del encarecimiento del petróleo y la depreciación de los tipos de cambio, que hace subir los precios de los productos importados.

Los esfuerzos multilaterales por acelerar el acceso universal a la vacunación, brindar alivio de liquidez y la deuda a las economías que sufren limitaciones, y mitigar y adaptarse al cambio climático siguen siendo esenciales. Acelerar la vacunación de la población mundial se entiende como de prioridad máxima en términos de políticas, sin dejar de lado la detección generalizada y la inversión en terapias; pues solamente de esa manera sería posible salvar millones de vidas, contribuir a evitar la aparición de nuevas variantes y acelerar la recuperación económica mundial.

Es necesario así mismo redoblar los esfuerzos por limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que las medidas y los compromisos actuales no bastan para impedir un sobrecalentamiento peligroso del planeta. La comunidad internacional también deberá disolver las tensiones del comercio internacional y dar marcha atrás a las restricciones impuestas en ese ámbito en 2018–19, afianzar el sistema de comercio multilateral basado en reglas, y concluir un acuerdo sobre el mínimo internacional de la tributación de empresas que ponga fin a carreras mutuamente destructivas y ayude a impulsar el financiamiento que requieren inversiones públicas críticas en países pobres.

A nivel nacional, se debe seguir adaptando la combinación de las políticas a las condiciones locales de la pandemia y la economía, apuntando al empleo sostenible máximo sin poner en peligro la credibilidad de los marcos de política. En cuanto a la política fiscal, las medidas imperativas mientras persista la pandemia deben continuar atendiendo a la situación de crisis en que se encuentran aún algunos sectores, permitiendo que el gasto sanitario continúe siendo prioritario, y las líneas de salvamento y las transferencias puedan estar focalizadas cada vez más en los segmentos más afectados de la población; sin menoscabo de facilitar la reorientación laboral y el apoyo para la reasignación de la mano de obra.

Finalmente puntualizan estos organismos, que es importante que los países hagan frente a los retos de la economía postpandemia para corregir los reveses en la acumulación de capital humano producidos por la pandemia, facilitar nuevas oportunidades de crecimiento relacionadas con la digitalización y la tecnología verde, reducir la marcada y ancestral desigualdad, como es el caso particular de países como Colombia y velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Finalmente hay que señalar que la idea de que el solo crecimiento económico pueda resolver los problemas sociales del mundo y de un país, es una falacia, y por esa razón, surgen algunas concepciones alternativas que han puesto énfasis en el bienestar humano, basados en la equidad de la distribución de los recursos disponibles y la creación de oportunidades para todos.


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*Melanio Zúñiga Hernández. Abogado y Contador Público especializado en gerencia financiera, amplia experiencia en banca y como revisor fiscal.

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