JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*.

La sostenibilidad, nos dice desde 1987 la Comisión Brundtland de las Naciones, es la que permite satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades propias. De otra parte la sustentabilidad, es la habilidad de lograr una prosperidad económica sostenida en el tiempo protegiendo a la vez los sistemas naturales del planeta y proveyendo una alta calidad de vida para las personas.”; una y otra bien pueden llevarnos a la prosperidad, indicada como ese desarrollo favorable, especialmente en el aspecto económico y social; vale decir, un estado económico y social satisfactorio.

Lo referido, para indicar que aunque las iniciativas de las grandes empresas son referentes del mercado, son las fami, pequeñas y medianas empresas las que sin lugar a duda alguna constituyen el papel más importante en la economía global, toda vez que son las mayores artífices e impulsoras de la reconfiguración del mercado por la adaptación de su modelo de negocio a las necesidades de la sociedad, hasta el punto de ser el 90 % de las empresas del mundo, 70 % de la generación de empleo y también el 90 % del Producto Interno Bruto – PIB de la comunidad universal.

Claro es hoy que la prioridad actual es reconocer las mejores prácticas, hojas de ruta y recomendaciones que las orienten de cara al porvenir en la obtención de un crecimiento financiero sostenible, mientras influyen positivamente en la sociedad y el ambiente. La razón: las pequeñas y medianas empresas son protagonistas en el desarrollo de innovaciones de los mercados, a pesar de que no reciban ni les quieran otorgar ese real como verdadero reconocimiento que se merecen. En tal consideración, requieren ellas de capacidades y orientaciones, así como trabajar en mejorar aspectos claves tales como orientación, relacionada a una cultura organizacional capaz de hacer frente a escenarios imprevistos; flexibilidad del modelo de negocio, la forma en que la pyme muta su plan estratégico para crear valor económico y otros; y, red de apoyo, esto es crear relaciones profesionales que brinden guía en la toma de decisiones, como se concluye hoy de manera recurrente en todos y cada uno de los foros internacionales en la materia.

Reto esencial es el financiamiento, toda vez que de manera permanente se encuentran (lo que la mayoría de las veces desgasta) en la afanosa búsqueda por sobrevivir; no obstante, tal necesidad deriva en el desarrollo e implementación de innovaciones para su adaptación, que, aunque sean costosas para ellos, resultan luego de fácil adopción para las grandes empresas. Reto es también la adquisición y retención de talento, pues, aunque no puedan ofrecer salarios competitivos sí pueden reforzarlos con entrenamiento especializado, flexibilidad laboral, trabajo remoto, creación de espacios que promuevan la creatividad e interacción entre los colaboradores, beneficios familiares y demás otros aspectos.

El mundo cambió y los modelos de negocio requieren de flexibilidad para adaptarse a los retos del mañana; ya no serán ajenos a los retos sociales. Si para alcanzar la “competitividad” se requiere de “innovación”, ahora las pequeñas y medianas empresas requieren de “creación de valor compartido”, donde inseparable a la actividad empresarial exista un beneficio inmediato para la sociedad guiado por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desde la constitución misma de la pyme hasta su planificación estratégica diaria para un desarrollo financiero sostenible.


*José Manuel Herrera Villa. Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo. jomahevi@gmail.com

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