Por: Hernando Pacific Gnecco*
Las plumas brillantes han desafiado los sistemas a través de páginas que tocan fibras sensibles. Y es que el verdadero arte debe ser incómodo, disruptivo, trasgresor, irreverente, crítico y emancipador. Así, la historia nos muestra obras que han sido censuradas en cualquier tiempo, sociedad o geografía; se impide el libre acceso a ellas por razones políticas, religiosas, legales, morales y hasta comerciales. El catálogo de obras vetadas ocuparía espacios interminables.
Hay quienes soslayan la censura con formatos alternativos, editoriales en países más laxos, publicaciones clandestinas y, ahora, internet. La editorial parisina Obelisk Press publicó el Trópico de Cáncer de Henry Miller; Olympia Press hizo lo propio con Naked Lunch de William Burroughs. Estas empresas se especializaron en libros escritos en lengua inglesa prohibidos en el mundo anglo. También ubicada en París, Ruedo Ibérico publicó libros censurados en España durante la dictadura franquista; así pasaba también con la prohibición durante el régimen soviético. Desde luego, se debate si debe haber libros prohibidos o a cuáles pueden acceder los jóvenes lectores; la discusión será eterna. De algo ha servido separar en salas de acceso limitado en las bibliotecas o restringir en aplicaciones digitales determinada literatura.
Cuando, desde la distancia, oteamos los catálogos de obras censuradas, podríamos no entender las razones; al explorar en detalle, encontramos los motivos. Por ejemplo, Ivanhoe y Oliver Twist fueron prohibidos en la Alemania Nazi por tener caracteres judíos; así mismo, vetaron todas las obras de Stephan Zweig, Bertolt Brecht, H G Wells, Kafka y las de Freud publicadas antes de 1933. Alemania Oriental vetó La jungla, de Upton Sinclair por incompatibilidad con el comunismo. Las de Hitler fueron vetadas en todo el planeta hasta cuando vencieron los derechos de autor, y aparecieron nuevas publicaciones de tan asqueroso libro.
No podemos imaginar que la dictadura argentina haya prohibido a Cortázar: Rayuela y Alguien anda por ahí entraron en la lista negra, en vecindad con El Principito, varios escritos de Mario Benedetti y Manuel Puig, y algunos cuentos de Elsa Bornemann. Otras obras censuradas en el mundo fueron Decameron, Los 120 días de Sodoma, El amante de Lady Chatterley o Lolita, por obscenos; ahora hacen parte de la literatura erótica universal. Si exploramos el inventario de prohibiciones nos encontraremos con la novela distópica 1984, de George Orwell, que muestra un mundo totalitario dominado por El Gran Hermano que controla la vida de todos y persigue cualquier muestra de disidencia y pensamiento libre; nada diferente a lo que han mostrado los regímenes de cualquier naturaleza en cualquier tiempo y cualquier lugar.
El best-seller de Dan Brown, El código Da Vinci, fue considerado blasfemo por el catolicismo, y a los fieles les prohibieron su lectura. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, fue censurado; paradójicamente, critica la prohibición a los libros y su quema. Esta obra de ciencia ficción habla de una sociedad en la que se pretende controlar el pensamiento y la información; igualmente, se cuestiona una sociedad sin libertad intelectual. Ana Ozores, protagonista de La regenta, escrita por Leopoldo Alas, “Clarín”, se encuentra atrapada en un matrimonio insatisfactorio en una sociedad conservadora y opresiva; la obra critica la hipocresía y la decadencia moral de España en el siglo XIX; la iglesia y algunos sectores de la sociedad hispana se mostraron descontentos y pidieron vetar la obra; caso parecido es el de Madame Bovary, que trata de un matrimonio en crisis y el adulterio de la protagonista, objeto de censura en su época.
El origen de las especies, de Darwin, también fue prohibida; la teoría de la evolución confrontaba las creencias religiosas de entonces y los sectores más radicales pidieron su censura. Alicia en el país de las maravillas fue prohibido en algunos países por su contenido “absurdo”; contenía “mensajes subversivos y peligrosos para los niños”. Las uvas de la ira, trata de la explotación laboral luego del crack de 1929; los sectores conservadores lo criticaban por fomentar el “comunismo”. Los tiempos, amigos, no cambian…
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista

