Por: Iván Meneses. Periodista.
La profesión de maestro es mucho más que enseñar conocimientos; es una vocación que se lleva en el corazón, una misión que trasciende las aulas y deja huellas indelebles en cada vida que toca. Hoy, en el Día del Maestro, rendimos homenaje a esos hombres y mujeres que, con entrega y amor, han formado generaciones enteras, un trabajo que en muchas ocasiones es olvidado por quienes gobiernan y que en los tiempos actuales no recibe el valor que merece, ni siquiera de quienes fueron sus alumnos.

En aquellas pequeñas escuelitas primarias y en los colegios de nuestra infancia, los maestros no se limitaron a cumplir un rol; se convirtieron en verdaderos padres para muchos de nosotros. A pesar de los escasos recursos económicos, falta de herramientas educativas, aulas que no contaban con las comodidades de hoy, lograban que el aprendizaje fuera posible con lo poco que tenían. Bastaba con los libros de la biblioteca, las reglas de madera, la paciencia que parecía inagotable y una dedicación que salía de lo más profundo de su ser.

Recuerdos que permanecen: esos momentos en que, con cariño o firmeza, nos corregían, dándonos halones de orejas y nos daban los famosos “Reglazos” en las palmas de las manos cuando era necesario, y nos enseñaban no solo las lecciones de las materias, sino también los valores que guiarían nuestro camino.

Esa era la época en que la educación se vivía de otra manera. Las grandes enciclopedias, los diccionarios, el Abecedario, las cartillas de Nacho, los cuadernos, borradores, lapiceros y lápices eran nuestros mejores compañeros. Y estaban esos tableros, verdes o negros llenos de tizas, que guardaban tantas historias. En ellos el profesor nos llamaba a pasar, y con tiza en mano o sosteniendo una regla, nos enseñaban geografía, mandandonos a ubicar las cordilleras en un mapa, a realizar operaciones matemáticas o a conocer las partes del cuerpo humano, gracias también a grandes carteleras que colgaban en las paredes. Todo era más sencillo, pero el aprendizaje aún se hacía con mayor profundidad, porque venía acompañado de la cercanía y el cuidado de quienes nos guiaban.

Hoy, al recordar esos tiempos, aún nos retumba en los oídos el sonido de aquella vieja campana. Su llamada nos indicaba que debíamos formar filas para rezar, para entonar el himno de nuestra patria, entrar a los salones y sentirnos parte de algo más grande. Luego su repique anunciaba la hora del recreo, llena de alegría y juegos. Y cuando sonaba por última vez, era la señal más esperada: la hora de volver a casa, con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo y con el cariño de quienes nos habían acompañado durante el día. Esa campana con la llegada del siglo XXI, fue reemplazada por un timbre eléctrico.

Hoy no podemos olvidarnos de aquellos maestros que ya no están con nosotros en la Tierra, cuya partida dejaron una herida profunda en nuestros corazones y su legado perdura en las generaciones, de quienes fuimos sus alumnos y amigos que nunca borraremos.

A los siguientes maestros que fueron nuestros guías, les debemos parte de lo que somos hoy:
Eunice Palomino, David Cecilio Manyoma, Odalia Torres, Humberto Navarro, Idelmauren e Isidro Quintero (E.P.D), estos valerosos profesores que sembraron conocimientos y valores, y que dejaron una huella imborrable en cada uno de sus alumnos y en la comunidad. Gracias por enseñarnos que la educación es el camino hacia un futuro mejor, y por dejar en nosotros sus consejos y sus enseñanzas que llevamos por siempre.
También dedicamos este homenaje a todos los profesores de las instituciones educativas del corregimiento de Zapatosa, quienes marcaron historia:
Jael Rodríguez Cárdenas, Glenys Rodríguez Longaray, Nayibe Cárdenas, Hernando “Nando” Portillo, Hernando “Luchy” Mier, Yolanda Muñoz, Alberto Elías Cuadros, Aymera Judith Agudelo, Javier Ramírez, Alberto Erazo, Ana Sofía Giraldo, Angélica Sánchez, Alberto Patiño, Yudis Contreras, Cristino “Tino” Vega, Elvia Ariano, Liceth Florián, Clemente Núñez, Beatriz Portillo, Daniel “Nén” Sánchez, Irlenys Martínez, Osmirian Mejía, Euder Castillejo, Merkys Mattos, Martha Contreras, José Contreras, María Janeth Muñoz, Juan Carlos Ríos, Arelys Castillejo, Esaú Rodríguez, Jaime Vides, Geovanny Portillo, Jorge “Fito” Chedraui, Ramona “Moncha” Portillo, Carlos Argote, Libardo Peinado, entre tantos otros.
Para todos ustedes, nuestro más sinceros agradecimientos. Gracias por su paciencia infinita, por sus consejos, por sus enseñanzas y por ser el apoyo que completó la educación que recibimos en casa de nuestros padres. Ustedes no solo nos enseñaron materias; nos ayudaron a crecer, a ser mejores personas y a valorar lo que aprendemos. Sin duda, me enorgullece decir que ustedes fueron, son y serán siempre mis maestros.

En este día tan especial, les deseamos un ¡Feliz día! , no solo a ellos, sino a todos los maestros Colombianos y del mundo. Que la vida les comtinúe bendiciendo con salud y alegría para que sigan educando, guiando y formando a las nuevas y futuras generaciones, y para que su gran labor, que vale más que cualquier recompensa material, sea reconocida y valorada como se merece.
¡Gracias por ser el alma de la educación!

