Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

Los sabinos, etruscos, latinos, ecuos, ligures, samnitas, sabelios y hérnicos, entre otros, fueron parte principal de los pueblos antiguos que habitaron la Italia pre- romana. Su origen no se puede determinar con seguridad, pero se cree que estuvieron en el Lacio desde la prehistoria; y una vez instaurada la República se asimilaron a la cultura latina y llegaron a ser ciudadanos de Roma.

Se les vincula a la leyenda troyana con la llegada de Eneas 400 años antes de la creación de Roma por Rómulo y Remo.

Los sabinos fueron un pueblo ganadero que habitaba las colinas cercanas a Roma en el Lacio, y se ubicaba al oeste de los montes Apeninos, ocupando toda la ribera este del río Nera y a ambos lados del Velino (Velinus), hasta llegar al Tíber y el Aniene (Annio) en el sur; región que hoy llaman Sabinia. Plutarco los creyó descendientes de los espartanos, estoicos en la lucha.

En los pueblos de los contornos de Roma, los sabinos resaltaron por la gran cantidad de mujeres hermosas que eran mayoría en su población; así este pueblo se multiplicaba creciendo su población alarmante, que hacia que los pueblos circunvecinos les respetaran; a la vez que su aguerrido ejército crecía y se hacía respetable incluso para la naciente Roma que crecía desordenada.

Rómulo se quejaba de la realidad de Roma, de pronto la escases de mujeres romanas produjo la disminución de la rata de crecimiento, tendiendo a convertirse en un complejo mal; pues el nacimiento de mujeres en Roma decreció. Y si no tenían los romanos suficientes mujeres, entonces su población se estancaba. Rómulo intento negociar y emparentar a los romanos con las mujeres de los pueblos latinos que ocupaban el Lacio, pero esos pueblos se negaron a tal, por considerarlos barbaros.

Así que Rómulo ideo plan que fue invitar a los sabinos con sus mujeres, a una festividad en honor al Dios Neptuno Ecuestre, o Conso; invitando a otros pueblos vecinos como Caenina, Crustumerium y Antemnas, que asistieron al festival deseosos de ver la ciudad recién establecida con sus propios ojos.

El plan lo era raptar a las bellas sabinas, como se dio en plena festividad, en donde hubo confrontación de armas y choques de escudos. 

Todas las raptadas eran doncellas vírgenes y solteras, y solo una, Hersilia, era casada; y ésa la tomó el mismo Rómulo como esposa.

Años más tarde el doble ultraje de traición y de rapto de sus mujeres, los sabinos atacaron a los romanos, acorralándoles en el Capitolio, donde para lograr penetrar allí contaron con la ayuda de una nata de Roma llamada Tapeya, quien les franqueó la entrada a cambio de los brazaletes que llevasen los sabinos en sus brazos. 

Los Sabinos vieron con desprecio la traición cometida por la romana a su propio pueblo, y a pesar de que aceptaron el trato en lugar de darle joyas, la mataron aplastándola con sus pesados escudos. La zona donde según la leyenda tuvo lugar tal asesinato, recibió el nombre de: “Roca de Tarpeya”, desde la que se arrojaban después a los convictos por traición. 

Romanos y sabinos, dispuesto a enfrentarse en batalla que parecía ser la final, motivó a que las sabinas se interpusieran entre ambos ejércitos combatientes y, dejasen de matarse porque razonaron ellas: “si ganaban los romanos, perdían a sus padres y hermanos; y si ganaban los sabinos, perdían a sus maridos e hijos”. 

Las sabinas mediaron astutamente con razones, y finalmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación de los dos pueblos. Tito Tacio, rey de Sabinia, y Rómulo, formaron una “diarquía” a partir de entonces en Roma hasta la muerte de Tito Tacio, cuando Rómulo se convirtió en el único rey.

Los historiadores como Tito Livio y Plutarco entre otros, reconocen las condiciones que las sabinas impusieron como condiciones a los raptores romanos, donde solo tenían obligaciones de administrar la casa y la educación de sus hijos como nacidos romanos; trato que Rómulo aceptara para complacencia de su Hersilia.

Los sabinos adoraban a la diosa “Feonia” en la localidad de Trebula, diosa de la fecundidad y de los esclavos, que era una divinidad estrechamente ligada al ciclo de la naturaleza; pero los nombres de las deidades, nos han llegado a través de los romanos. Pero puede ser que los sabinos las hayan venerado con otros nombres. 

De cualquier manera, Roma fue nutrida con la profusa fecundidad de las sabinas que la hizo fuerte con sus hijos dado, a pesar de que entonces el control demográfico no lo establecía el Estado, sino las guerras que producían muerte como hoy.

El Arte pictórico muestra las geniales obras entre muchos las de: Giovanni Francesco Romanelli en 1660, Francisco Pradilla en 1874, Jacques Louis David en 1779, y Nicolás Poussin en 1637, tituladas todas, “El Rapto de las sabinas”. 

*Ingeniero. Analista . Columnista

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