Por: Alfredo León Leyva*
De Tracia en el Norte, a Gándara en el Sur; y de Egipto, Babilonia, Persia, Maka, y la india, que fue la línea al Oeste; a Dascilio, Capadocia, Corasmia y Sogdiana, que formaban la línea del Este del imperio de Ciro El Grande por el año 400 antes de Cristo.
Ciro el Joven se enfrentaba por el poder con su hermano mayor Artajerjes II, Rey de Persia; y el Príncipe Ciro contrata un ejército mercenario griego de 10.000 hombres al frente del que marcha él, y que se conoce en la historia como la “Expedición de los diez mil”; y en la batalla de Cunaxa cae el Príncipe Ciro, quedando el grueso de la tropa mercenaria sin líder.
El Rey Artajerjes II, reúne a los Generales de aquél ejército de mercenarios griegos y les asesina, dejando a estos diez mil hombres sin comandantes que les guíen; allí emerge Jenofonte, el hijo de Grillo, oficial de bajo rango que pronto se gana la confianza de aquella grande tropa en su huida.
Recorre este ejército griego en su huida por la ruta Larga y escabrosa del norte hacia el sur, para virar hacia el Este; y cruzando montañas con nieve, recorriendo 2.500 kilómetros penosos y agotadores hasta alcanzar Trebisonda, hoy Turquía, a orillas del mar Negro en su regreso a Grecia.
De allí, Jenofonte con sus diez mil se dirigen a Bizancio, hoy Estambul, poniéndose al servicio de los sátrapas persas del Asia menor; aquí cobra el recate por un persa acaudalado prisionero, que le permitió vivir cómodo el resto de sus días hasta el año 355 A.C.
La historia lo recuerda como militar, gran orador, filosofo, ensayista, e historiador siendo prototipo del típico erudito Ateniense; y deja dos de sus obras que se recuerdan como: “La Anábasis, y “Las Helénicas”.
Recorrer la historia de los Persas, es similar a navegar por los oleajes de la mar bravía de los insondables océanos, de una potencia geopolítica que abriría los caminos a Alejandro de Grecia para crear y abanderar la decaída del imperio; y traen consigo, acostumbrar a un pueblo educado para gobernar al mundo, y no para ser gobernados y vencidos. Y Aunque después de que fuesen sometidos, parece que ese pueblo conserva aún la llama de la altivez que da, el conocer sus orígenes.
Sociedad que vivió adelantada por siglos, con el mejor ejército de su época, la mejor economía, y dueña del pensamiento intelectual y espiritual de su época, que nos recuerdan los escritos históricos que aún perduran; y de este pensamiento nace para la historia el campesino Zoroastro, viejo ermitaño que baja de la montaña para transmitir sus enseñanzas a los hombres con postulados que siguen perdurando en el mundo, para el mejoramiento personal del individuo. Tales como: No creas sin cuestionar, piensa por ti mismo, encuentra tu propio camino, no me sigas; establecidas premisas todas, en busca del hombre único, “superhombre” que desarrolla tales principios para superar la mediocridad en la moral pueril para crecer según ve en su propia sombra; creando nuevos valores, que hacen un nuevo mundo diferente al conocido.
El esfuerzo humano reemplaza al Dios creador, de nuestro credo occidental; intentando establecer que Dios está muerto (fundamento filosófico del Libre Albedrio contemporáneo), y el hombre es creador, no el creado y el que transforma al mundo. Antítesis de tal Alejandrita en la acepción geológica, antagónica a la formación occidental cristiana, que aunque que vivan tales confusiones similares a estos principios de Zoroastro, los que nos hacen ser o sentir que no fuimos creados para obedecer las leyes naturales, sino por el contrario: para ser los que someten tales leyes naturales creadas.
Todo lo que ya ha sucedido, ha sucedido infinidad de veces y volverá a suceder. Por eso el hombre debe amar y afirmar la vida.
Nietzsche nos pone a deambular en su obra “Así Habló Zaratustra”, justificando al ermitaño anciano que, hallándose solo, le habló a su corazón: “¡Cómo puede ser posible! ¡Este viejo santo no ha escuchado en su bosque que Dios está muerto!”
Y llama al Estado, “El lugar en donde todos beben veneno, los buenos y los malos. El estado es el lugar donde todos se pierden así mismos, los buenos y los malos”. “El Estado es el lugar donde el suicidio lento de todos se llama vida”.
Siempre nos encontramos con personas o animales para conversar, y: “no es el prójimo, les digo, sino el amigo. El amigo debe ser vuestro festín en la tierra, un presentimiento del superhombre….”.
Del cuerpo y las pasiones tan comunes en nosotros, nos induce a los componentes del hombre, siendo que el cuerpo y las pasiones, igual que las ideas son componentes del hombre que no deben reprimirse a favor de la razón, pues: “Allí donde encontré vida, también encontré la voluntad de poder. Incluso en la voluntad del siervo encontré la voluntad de convertirse en señor”.
Y de las almas tullidas dijo: “El dolor también es una pasión, la maldición también es una bendición, la noche también es un sol…, entiéndanlo o aprenderéis que un sabio también es un tonto”.
Estoy día a día aprendiendo, que nada se. Y soy muy afortunado.
*Ingeniero , Analista. Columnista

