Por: José Manuel Herrera Brito
El gasto público, que es esa suma de las erogaciones realizadas por el Estado y otras entidades públicas para financiar la operación de la administración pública, proveer bienes y servicios a la sociedad, garantizar derechos, y ejecutar inversiones en infraestructura y otros sectores, utilizando los ingresos recaudados, principalmente a través de impuestos, es concepto que incluye desde gastos corrientes para el funcionamiento normal del gobierno hasta gastos de capital que buscan aumentar la capacidad productiva del país, así como el servicio de la deuda pública y son sus componentes principales los gastos corrientes, los gastos de capital (o inversiones), el servicio de la deuda pública, satisfacer necesidades públicas, fomentar el crecimiento económico, reducir la desigualdad; y, mantener la estabilidad social, a afecto de consolidar su eficiencia, fundamental para el buen funcionamiento del estado y el alcance de los objetivos sociales y económicos, toda vez que una gestión presupuestal optimizada permite que los recursos públicos se utilicen de manera efectiva para resolver problemas, garantizar derechos y contribuir al desarrollo y progreso del país.
Lleva ello a referir que la gran promesa de erradicar la corrupción y mejorar el gasto público con austeridad es entre nosotros muy distinta a ese soñado propósito, dado que el gasto público que soportamos ha sido muy alto, así como el nivel de endeudamiento, y la falta de medicamentos, el deterioro de hospitales, clínicas, escuelas públicas, infraestructura carretera y sobre todo de la seguridad pública, que han sido la constante, cabiendo preguntarse en consecuencia en qué se ha gastado tanto dinero.
Tenemos una corrupción a galope tendido que detectan de continuo los organismos de control, autoridades todas y veedurías ciudadanas. Miles de irregularidades por cientos de millones de pesos. Por mucho, los montos más altos involucrados en los escándalos de corrupción en toda la historia del país. Igual vemos a diario a muchas de nuestras entidades víctimas de fraudes, sobrecostos excesivos, discrecionalidad en los proyectos de construcción y otras obras que han sido fuente de innumerables investigaciones periodísticas.
Como vamos y más allá de la corrupción, la incongruencia va a terminar siendo la marca de este nefasto gobierno en el que la deuda crece de manera descomunal y donde además muchísimos habitantes tienen que desembolsar de su presupuesto familiar, de por sí limitado, para obtener los servicios de salud que ya no reciben del Estado, lo mismo que se suceden otras formas de extorsión que imponen los grupos criminales y transitar por calles y carreteras inseguras y cada vez más llenas de agujeros, entre muchas otras circunstancias. En definitiva, no es solo el gasto excesivo, sino también la incongruencia y la malhadada corrupción que hacen ola en todo momento y en todo lugar. Dios nos tenga y nos lleve de su mano. saramara7@gmail.com
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