Por: José Manuel Herrera Brito
Contrito escribo estas líneas de despedida a nuestro querido amigo y hermano del alma, abogado de la Universidad Nacional, servidor público de amplia trayectoria, concejal de su natal Banco – Magdalena, doctor Javier Barreto Vásquez, fallecido apenas días. Y las escribo muy honrado por la grande humanidad de tan notable personaje. Conocí a Javier desde hace ya muchos lustros y con el compartí además de una inmensa como importante amistad trascendida en hermandad, bandería política, lides periodísticas en la Revista Renovación Nacional, dirigida por el Senador Hugo Escobar Sierra y codirigida por el doctor José Alfredo Escobar Araújo, medio de comunicación del que fui su editor.
Brillante, inteligente, agudo, poseedor de un gran cómo fino y exquisito humor a la manera del escritor, filósofo, ensayista y periodista británico Gilbert Keith Chesterton, conocido como el Príncipe de las Paradojas. Comprometido con sus ideales, entendió su razón de ser en contexto de humanidad, empatía, solidaridad, bondad, nobleza, y cooperación respecto de sus semejantes, caminos en los que marcó sendas que ojalá pudiésemos continuar de la manera como él los concebía.

Muchas fueron las horas compartidas, reuniones, tertulias, acercamientos, temas tratados. Hombre transparente, generoso. Nunca se dejó seducir por las ambiciones desmedidas ni asomo de maldad; sí, de integridad a toda prueba. Sencillo, humano, servicial, humilde, firme, flexible y cariñoso. Trataba a todos por igual. Su sonrisa, bonhomía y forma de ser rompía los obstáculos por complejos que fuesen. Dotado de un natural instinto, resolvía los impasses que pudieran ser o darse con pasmosa habilidad.
Para él lo principal siempre fueron las personas, se preocupaba y esmeraba por propiciar ocasiones de encuentro social en las que se generaban lazos de amistad y compromiso con los proyectos de vida común. Preocupado también del bienestar de las personas. Llegaba a todos, acompañaba en momentos de dificultad, y apoyaba cuando era necesario, como lo confirman relatos de personas que recibieron su consejo y ayuda de manera anónima, lo que refleja su dimensión.
Gracias Javier, por tu amistad, por tu cariñosa compañía, por ayudarnos a ser mejores personas, por tu fé, por dejarnos un recuerdo tan limpio, por tu sonrisa amplia y transparente, por tu risa fácil e inteligente, por creer en el ser humano, por ayudar a hacer a tus amigos a mejores persona. Sean mis condolencias plenas de sinceridad manifiesta para sus familiares todos, en especial para sus hijos y gran hermano, Guillermo. Gracias por tu existencia. Hasta siempre amigo querido. saramara7@gmail.com

