Por: Alfredo León Leyva
Ya en el recuerdo es difuso recordar con exactitud la cancha o peladero en done nos cruzamos en un partido de futbol de la liga del magdalena, y creo que la categoría era de tercera o segunda, no lo preciso; pero corría seguro, debió ser el año de 1968, o 1969, cuando fuimos antagonistas en aquel encuentro deportivo. Entonces mi posición en el campo era de puntero izquierdo, y también llegué a pensar entonces, que sería jugador profesional de futbol algún día.
Tal espejismo se fue disolviendo en el tiempo, pues el ingreso a la universidad unos años después de aquel fortuito encuentro, me absorbió, y escaso volví a patear un balón en alguna de las vacaciones cuando volvía a mi entrañable ciudad.
En la prensa, estando en Barranquilla supe del debut en 1973 con millonarios de Eduardo Emilio, y aunque en estos tiempos ya éramos “conocidos distantes”, y carajo, sentí envidia de él.
Luego pasó bastante tiempo sin saber de él hasta que llegó a Nacional en donde fue una de sus figuras, saliendo campeón con el equipo; y siempre Eduardo Emilio anotaba en cual fuere la delantera que conformara, y salió goleador con este equipo.
De ese día en que le conocí, él me identificó como el cachaco del mercado, pues así me reconocían por ser algo de color rojo con el cabello amonado, vivir en las cercanías del mercado público, y además, por ser el nieto de un cachaco boyacense; y supe cuando nos saludamos como contendores, que estaba en frente de un espectacular ser humano, y que en el trayecto de su vida le conoceríamos todos, siempre así.
Su palmarés como jugador de futbol es extenso, no solo en Colombia, sino también en Perú, Ecuador, Bolivia, y creo que estuvo también en Venezuela. A pesar de su “escaparatosa” conformación corpórea y altura; gran saltador y efectivo con la cabeza para introducir la esférica en las piolas contrarias, y jamás agredía a sus defensores.
Era respetuoso del contrario que trataba hasta por los medios ilícitos, impedir o desequilibrarlo por fuerza cuando saltaba. Eduardo era también potente, y casi nunca perdía en tales lances.
Se fue ese graden que hará unos cinco años me lo encontré en la calle 11 con carrera 11 A, de nuestra cuna, en un almacén de repuesto de carro en donde ambos coincidimos en pos de unos repuestos; y después de más de treinta años sin vernos, se me acercó y me dijo: ¿Tú eres el Cachaco? Yo le contesté: claro que soy el cachaco de aquello tiempos, Eduardo Emilio. Nos dimos un abrazo, y recomencé con él la admirada amistad que nació en un playón creo que de los “troncos”, en donde fue que se dio por primera vez el inicio de una olvidada amistad por largo tiempo.
Hará unos tres meses o menos supe de la enfermedad que lo aquejaba, y hoy me enteré de su fallecimiento.
Cuánto siento la partida de un grande de mi generación, pues, ambos somos del 53, aunque yo fuese un poco mayor. Él cumplía en Junio, y yo en Febrero.
A este “anconero” decente, nacido con tales virtudes, se nos adelantó en la partida. Y la tristeza nos embarga a todos los que le conocimos, pues para todos fue ese amigo especial.
Hoy santa Marta, despide a una gloria de su deporte y digno representante de la especie humana, con calidades excelsa propias y dadas solo a los GRANDES.
Descansa en Paz amigo. Dios te acoge en su gloria. A su Familia: Resignación.
*Alfredo León Leyva. Ingeniero. Analista. Escritor. Columnista

