Por: Víctor Rodríguez Fajardo*
El histórico delantero samario Eduardo Emilio Vilarete Fernández (1953 – 2026) partió de este mundo tras atravesar un delicado momento de salud. La ciudad que lo vio crecer, convertirse en goleador y llevar el nombre de Santa Marta por los estadios del país hoy despide a una de sus más grandes figuras.
Hay partidos que no tienen tribunas, árbitros ni marcador. Partidos que se juegan lejos del ruido del estadio y en los que la fortaleza deja de medirse en goles.
Eduardo Emilio Vilarete Fernández enfrentó en sus últimos días uno de esos momentos.
El exfutbolista samario, protagonista de una generación memorable del fútbol colombiano, dejó un legado que hoy llena de orgullo y luto a familiares, amigos y personas vinculadas al deporte, quienes durante décadas reconocieron en Vilarete a uno de los delanteros más recordados surgidos de Santa Marta.
Nacido el 20 de junio de 1953, Vilarete construyó su nombre en una época en la que el fútbol colombiano estaba lleno de delanteros fuertes, defensas recios y partidos en los que cada pelota aérea era una disputa. Y precisamente por arriba estaba una de sus grandes virtudes.
Su fortaleza física y capacidad en el juego aéreo hicieron del cabezazo una de sus principales armas. Era un delantero centro de los de antes: presencia en el área, choque con los centrales y olfato para encontrar el arco.
Su carrera lo llevó por equipos tradicionales del fútbol profesional colombiano. Atlético Nacional ocupa un lugar destacado en esa historia: con el conjunto antioqueño integró los planteles campeones de 1976 y 1981.
También dejó huella en Atlético Bucaramanga, donde sus goles contribuyeron a construir una relación que todavía permanece en la memoria de los seguidores del conjunto leopardo. Unión Magdalena representa, naturalmente, el vínculo con su tierra y con el fútbol que lo vio nacer.
Deportes Tolima y Deportivo Pereira también hicieron parte de una trayectoria que trascendió las fronteras colombianas y que lo llevó igualmente al fútbol internacional.
Su rendimiento le abrió además las puertas de la Selección Colombia. Vestir la camiseta nacional convirtió al muchacho nacido en Santa Marta en representante de un territorio que durante décadas produjo futbolistas excepcionales.
Vilarete perteneció a esa escuela.
A la Santa Marta futbolera que aprendió a jugar en calles, canchas de tierra y barrios; a una ciudad que convirtió el fútbol en una de sus expresiones de identidad y que entregó al país jugadores capaces de competir en los principales escenarios nacionales.
Hoy las circunstancias son diferentes.
Su partida es el reconocimiento definitivo a un hombre que ya había escrito su historia en letras doradas. Los goles quedaron en las estadísticas. Los campeonatos están en los registros. Las camisetas que vistió pertenecen para siempre a la historia del fútbol colombiano.
Pero existe otro registro que no necesita archivo: el de quienes todavía recuerdan al delantero samario elevándose sobre los defensores para buscar con la cabeza una pelota que terminaba en gol.
A sus 73 años, Eduardo Emilio Vilarete Fernández terminó de jugar su último partido.
Santa Marta y el fútbol colombiano honran hoy su memoria.
Y desde afuera de la cancha, somos muchos los que siempre lo recordaremos como el gran campeón que fue.
* Arquitecto. Analista Político. Escritor. Editor. Columnista. Director Opinión Caribe y El Callejero

Créditos @amvilarete/Instagram Angélica, hija de Eduardo Emilio Vilarete.

