Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Demostrado es que combatir el flagelo del hambre es un imperativo ético y una condición esencial para el desarrollo de los pueblos; de ahí que cada avance en su reducción sea una cifra alentadora y una señal que, con compromiso político y políticas públicas adecuadas, es posible para transformar realidades y mejorar vidas. Hay por todos los medios, imperativo a cumplir, que disminuir la subalimentación y lograr que las personas dejen de padecer por hambre.
Avanzar en este aspecto, además de merecer reconocimiento por su impacto en la vida de las personas que dejan de sufrir hambre, pone de manifiesto que las decisiones de políticas públicas adoptadas por las unidades territoriales del orbe generan transformaciones reales. Cuando las autoridades, sean cuales fueren, tienen un alto compromiso político y se impulsan medidas de recuperación económica, protección social, apoyo a la agricultura familiar, innovación productiva y el fomento del comercio agroalimentario, entre otras, se logran resultados positivos.
En esto de la erradicación del hambre importa unir los esfuerzos que necesarios sean y seguir trabajando para que muchas personas dejen de padecer hambre, enfrentar inseguridad alimentaria, no poder costear una dieta saludable y dejar de alimentarse con alimentos que saciar pueden pero que no nutren, como señalan los dietistas, generando ello obesidad, lo cual es asunto grave, lo que además refleja una paradoja persistente de doble carga de la malnutrición entre nosotros, ya que convivimos con el hambre y con el sobrepeso, con déficits nutricionales y con dietas poco saludables, como igualmente afirman. De la misma manera, el acceso a una dieta saludable sigue siendo limitado por su alto costo por persona al día.
Es claro que el alto costo de una dieta saludable es una de las causas de inseguridad alimentaria y malnutrición. A ello se le suman problemas económicos, el limitado acceso a alimentos frescos y saludables y las consecuencias de los eventos climáticos extremos, que impactan los sistemas agroalimentarios, y que requieren políticas para abordar su sostenibilidad y resiliencia. El hambre refleja y profundiza la pobreza y la desigualdad. No es justo que el acceso a los alimentos o de las dietas saludables sea un privilegio para unos, temática esta para la que se deben buscar de manera permanente las más de las oportunidades para diálogos francos al respecto y para la consecuente la toma de decisiones.
Implica esta problemática, fortalecer a fondo la agricultura familiar y los sistemas productivos sostenibles para erradicar el hambre y la pobreza y disminuir las desigualdades; aumentar cobertura y mejorar los programas de alimentación escolar, incorporar las compras públicas a la agricultura familiar y las guías alimentaria, implementar subsidios para que las personas más vulnerables puedan acceder a alimentos nutritivos de alto costo y promover entornos alimentarios en las ciudades que faciliten el acceso y consumo de dietas saludables.
De igual manera, importa fortalecer y modernizar los sistemas de abastecimiento, fomentar el comercio agroalimentario para disponer y acceder a una mayor variedad de alimentos, ampliar la cobertura de los de sólidos sistemas de protección social con sinergias con los programas de inclusión productiva y énfasis en la reducción del hambre y la pobreza, invertir en innovación y digitalización para la producción, productividad y resiliencia climática, y movilizar financiamiento para inversiones a gran escala a través de iniciativa que favorezcan este noble propósito.
En muchas parte del mundo se ha demostrado que se puede avanzar. El desafío hoy es sostener ese impulso y hacerlo inclusivo, para que todos podamos acceder a alimentos y dietas saludables, en lo que concierne la generación de datos, la evidencia científica, la cooperación técnica para implementar políticas, acciones y la movilización de inversiones. Interesa actualmente la implementación de marcos estratégicos a través de prioridades en cada región, alineadas con una mejor producción, mejor nutrición, mejor ambiente em la procura para los asociados de una vida mejor, fortaleciendo producción sostenible, seguridad alimentaria, nutrición, acción climática e inclusión social.
Seguro estoy que mancomunadamente posible y probable es trabajar para desarrollar políticas y programas adecuados que impulsen cambios que generen sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición. Padecer Hambre es una bomba social latente, que de dejarse avanzar, más temprano que tarde puede genera situaciones de irreversibles de impredecibles consecuencias, y de ello no se trata y menos debe buscarse.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista

