Mauricio Reina Comunicador Social. Periodista. Analista.

Por: Mauricio Reina*

En el Consejo de Ministros de esta semana el presidente Petro hizo dos afirmaciones muy graves sobre el estado actual de las Fuerzas Militares y las condiciones de seguridad del país. Por un lado, afirmó que la capacidad de la Fuerza Pública está en apenas 55 por ciento de lo que debería ser. Por otro, aseguró que ese deterioro se ha dado en los últimos 15 años, lo que aparentemente eximiría a su gobierno y su política de Paz Total de responsabilidad en un deterioro que a su juicio es de carácter estructural.

¿Son ciertas esas afirmaciones? De ello depende en gran medida el adecuado diagnóstico acerca del lamentable estado de la seguridad en el país y, por supuesto, la correcta formulación de una estrategia de defensa que nos saque del atolladero en el que estamos.

Para hacer una correcta evaluación se necesita un tipo de persona que no abunda en Colombia: alguien que haya hecho un juicioso seguimiento a las políticas de seguridad, que conozca por dentro las Fuerzas Militares y que tenga el bagaje intelectual para ver los hechos en perspectiva histórica. Esa persona es Eduardo Pizarro, quien además de haber sido académico y funcionario, ha escrito muchos libros sobre tema, dos de los cuales dan claves para entender la situación actual: ‘En la guerra y en la paz: las Fuerzas Militares entre 1996 y 2022’ y ‘El fracaso de la Paz Total’, que se lanzará en la próxima Feria del Libro de Bogotá.

Esta semana el presidente Petro dijo en el Consejo de Ministros que la capacidad de la fuerza pública está en el 55 % de lo que debería tener. ¿Qué le dice esa frase a usted, uno de los civiles que mejor conoce las Fuerzas Militares del país? Estoy de acuerdo con el presidente Petro. Las Fuerzas Militares se han debilitado dramáticamente bajo este gobierno. Colombia es un país de enorme complejidad geográfica: bioceánico, atravesado por tres cordilleras y con fronteras muy difíciles. Eso exige un volumen muy alto de hombres, armas y recursos. Lo que hemos vivido es una disminución del pie de fuerza, un debilitamiento de la capacidad aérea y un deterioro en el campo de los helicópteros, que son estratégicos para el conflicto armado interno. El balance es profundamente negativo y ese debilitamiento se ha producido fundamentalmente bajo este gobierno.

Pero el Presidente dice que el deterioro arrancó hace quince años, ¿tiene razón? No en esos términos. Incluso si hubiera una tendencia previa, lo cierto es que se profundizó radicalmente bajo este gobierno. Hace mucho tiempo debimos acelerar la sustitución de los aviones Kfir, muy importantes para el manejo del conflicto armado interno porque no solo cumplían funciones de defensa nacional, sino que además tenían operatividad en el conflicto. El debilitamiento de los Kfir ha estado acompañado del de los helicópteros. Colombia, por su complejidad geográfica, necesita un número muy alto de helicópteros para transporte de tropas, evacuación de heridos y tareas humanitarias. Hoy tenemos alrededor del 60 % de los helicópteros en tierra. Eso significa que la Fuerza Aérea está enormemente debilitada.

¿En qué medida puede atribuirse ese debilitamiento y el de otras dimensiones de la fuerza pública a la estrategia de la Paz Total? Yo creo que Gustavo Petro llegó a la Presidencia con la convicción de que, por ser el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia, el ELN, las disidencias y las reincidencias de las FARC iban a acoger la paz para apoyar al gobierno. Incluso dijo, antes de posesionarse, que el ELN en pocas semanas iba a abandonar las armas. Para él era obvio que la paz era inminente, y que resultaba innecesario aumentar o mantener el gasto militar. Fue la creencia equivocada en que esos grupos estaban al borde de la paz la que llevó, entre otros factores, al debilitamiento de las Fuerzas Militares. 

¿Es decir que el debilitamiento de la fuerza pública en este gobierno fue más un acto de ingenuidad que una intención deliberada de facilitar el fortalecimiento de los grupos armados? Yo creo que fue un acto de profunda ingenuidad. Y también influyó la reorientación del gasto público para ampliar la burocracia estatal y distintos frentes con un criterio político-electoral. Eso incidió negativamente sobre el presupuesto militar.

A pesar de eso, parecería haber cierto viraje del gobierno en materia de seguridad desde mediados del año pasado: bombardeos que antes no se hacían, intención de reanudar aspersiones bajo ciertas condiciones y la decisión de comprar aviones. ¿Ese viraje es genuino? Yo creo que el presidente Petro se dio cuenta de que necesitaba combinar garrote con zanahoria. La zanahoria que estaba ofreciendo favoreció el fortalecimiento de estos grupos y puso en evidencia su mala fe frente a los ofrecimientos del Gobierno. Entonces quiso combinarla con garrote para mover su voluntad hacia la paz. Me parece un giro importante, pero tardío e insuficiente, porque los grupos ya se habían fortalecido. En Colombia tenemos gobernanzas criminales en las fronteras marítimas y terrestres más vulnerables del país, y esas gobernanzas se han fortalecido en los últimos años. La respuesta del Gobierno llega tarde y es insuficiente.

¿Ese giro puede estar condicionado por el viraje reciente de la relación de Gustavo Petro con Estados Unidos?

Es muy probable. Ante la descertificación y el aislamiento financiero que conlleva su inclusión en la lista de la OFAC, Petro puede estar buscando puentes de entendimiento con Washington. Eso puede explicar una parte importante de este viraje.

¿Cuál es su balance de la paz total? Desgraciadamente para Colombia, la paz total ha sido un fracaso total, porque no hay un solo éxito. El único éxito que se esperaba era el de Comuneros del Sur, en Nariño, pero incluso ese grupo, en cuya negociación se había invertido más tiempo y más recursos, está totalmente fracturado. Ya surgió un grupo llamado Autodefensas Unidas de Nariño y muchos de sus miembros se han ido hacia organizaciones criminales que están llegando a zonas estratégicas donde hay cultivos de coca, oro y minería ilegal. Ni siquiera Comuneros del Sur va a producir resultados.

Más allá de la seguridad, también parece haber un debilitamiento de la moral de la fuerza pública… Yo creo que la moral de la fuerza pública está profundamente afectada. Colombia ha tenido uno de los conflictos más prolongados de la historia contemporánea. Las Fuerzas Militares han sufrido miles de víctimas entre heridos y muertos en combate, y hoy estamos viendo una desmoralización profunda porque muchos analistas plantean que algunos coroneles están ascendiendo a generales no por hoja de vida y méritos, sino por adhesión al partido de gobierno. Ojalá no sea así, pero esa percepción es devastadora para una institución armada profesional.

¿Usted cree que se están politizando los ascensos? Si eso está ocurriendo, sería muy negativo para el país. Hemos perdido en los últimos tres años un número enorme de generales con una experiencia acumulada muy alta, con hojas de vida intachables, y muchas veces han sido sustituidos por coroneles que, a mi juicio, no tenían méritos suficientes. Cuando una fuerza militar empieza a ascender a su oficialidad por lealtad al partido de gobierno y no por hoja de vida, se pone en riesgo su profesionalismo. Eso terminó muy mal en Venezuela. Ojalá que eso no esté ocurriendo en Colombia.

¿Pero hay indicios de que eso ha venido sucediendo? Sí, hay enormes indicios de ascensos más basados en lealtades que en hoja de vida, y eso me parece enormemente preocupante. También se refleja en el número de oficiales en retiro que han regresado a la fuerza pública, varios de los cuales estuvieron en la campaña de Petro a la Presidencia. En un conflicto tan prolongado como el colombiano, necesitamos una fuerza pública profesional, donde los ascensos sean por méritos y por trayectoria, no por adhesión política.

Cuando hay discrepancias públicas, como las que se dieron hace unos días entre el comandante de la Fuerza Aérea y el Presidente de la República, ¿qué impacto cree usted que eso tiene sobre la fuera pública? Yo creo que ocurren dos cosas. Hay solidaridad de muchos sectores de las Fuerzas Militares con el comandante de la Fuerza Aérea, pero al mismo tiempo hay grietas. Cuando oficiales ascienden por lealtad al gobierno y no por hoja de vida, las fisuras aparecen. Y este es un tema que vale la pena discutir con mucha seriedad, porque debilitar a las Fuerzas Militares en un contexto de crecimiento de los grupos armados ilegales, de las gobernanzas criminales y de las rentas ilegales puede ser catastrófico.                                                 

La pregunta obvia en ese contexto electoral es ¿qué hay que hacer para corregir el rumbo? ¿Estamos llegando a un punto de no retorno? El nuevo gobierno, cualquiera que sea, tiene que evaluar seriamente esta situación y hacer un análisis riguroso del estado actual de las Fuerzas Militares. Colombia está en un punto crítico en términos del debilitamiento de la fuerza pública y el control territorial por parte de los grupos al margen de la ley. Sin embargo, recientemente han aparecido dos factores que pueden ayudar a modificar el panorama.

¿Ah, sí? ¿Cuáles son? El primero es el cambio que se está produciendo en Venezuela. Si el ELN, las disidencias de las Farc y otros grupos criminales pierden su retaguardia estratégica en Venezuela, habrá una afectación enorme de su capacidad militar. Yo personalmente creo que, si el ELN es expulsado de Venezuela, puede ser el principio del fin de esa organización.

¿Y la otra noticia? La otra, que para mi generación es también una tragedia simbólica, es que es posible que a la Revolución cubana le queden pocas semanas o pocos meses. El fin de la Revolución cubana tendría un impacto profundo sobre todo continente, porque fue un mito para toda una generación de revolucionarios latinoamericanos. Si eso sucede, obligaría a hacerse una pregunta central en el ámbito de la seguridad y el tratamiento de los grupos armados ilegales en Colombia: ¿cuál es hoy el proyecto de sociedad del ELN?, ¿cuál es el proyecto de sociedad de las disidencias de las Farc?

Dada la urgencia de retomar el rumbo en términos de presupuesto, estrategia, liderazgo militar, política de seguridad y política antinarcóticos, ¿puede Colombia lograrlo sin cooperar con Estados Unidos? Se requiere una gran cooperación con Estados Unidos y con la Unión Europea. Colombia es un país muy vulnerable por su ubicación geopolítica. Es el único país de América del Sur con acceso al Atlántico y al Pacífico, y eso explica por qué es el primer productor mundial de coca. Por el Pacífico se puede sacar droga hacia la costa oeste de Estados Unidos y Asia; por el Atlántico, hacia la costa este de Estados Unidos, África y Europa. Por eso Colombia necesita una gran cooperación internacional para la lucha contra la criminalidad organizada.

Conocedor como es usted de la evolución del conflicto y la situación política del país, ¿cuál es su nivel de optimismo o pesimismo sobre la posibilidad de recuperar el control del territorio, retomar el vigor de la fuerza pública y reorientar la posición del Estado colombiano frente al crimen organizado? Yo creo que el nuevo gobierno, frente a los niveles de degradación que el país está viviendo, va a reaccionar con fuerza. He analizado con atención los programas de seguridad de varios candidatos y se está repensando el tema con mayor seriedad. El próximo gobierno tendrá que hacer un replanteamiento total del manejo del orden público. Hay tres prioridades fundamentales: reorganizar las Fuerzas Militares, mejorar el control del territorio y debilitar las rentas ilegales. Si esas tres tareas se asumen con decisión, Colombia puede empezar a corregir el rumbo. 

*Comunicador Social. Periodista. Analista.

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *