MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

Hubiera querido conocerlo: según cuentan, era el epítome del propio barranquillero. Desparpajado, espontáneo, mamagallista, risueño y dispuesto a una tertulia. Me habría encantado observar a esa tropa de bohemios (al menos disfrutar de una tertulia) del Grupo de Barranquilla: Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez (quizá el mejor complemento de Cepeda), Nereo, Figurita López, Cecilia Porras, Germán Vargas, José Félix y Alfonso Fuenmayor, entre otros.

Hubiera reído a carajadas viendo como el sabio catalán Ramón Vinyes, que los atrajo a su librería, zanjaba las discusiones artísticas de gente tan disímil como parecida; gozaría de cómo podría controlar a esa parranda de locos chéveres. Debió ser una experiencia única e inigualable.

Barranquilla nació sin aspavientos ni actos fundacionales a las orillas del Río Magdalena. Dicen que el Nene soltó la especie (hoy difundida) de que la ciudad fue fundada por vaqueros, solo para burlarse de samarios y cartageneros, orgullosos de su historia. A finales del siglo XIX y buena parte del siglo XX, Barranquilla contaba con dos puertos, uno de ellos Puerto Colombia, el muelle marítimo más largo del mundo. Ese atracadero de barcos trasatlánticos recibió a miles de inmigrantes del Medio Oriente y Europa: “turcos” (árabes con pasaporte otomano), alemanes, franceses, italianos y gentes de otras procedencias. La pequeña población crecía rápidamente al tenor de influencias extranjeras, abierta a todos. También se nutría Barranquilla de apellidos magdalenenses, fisonomías del interior, entonaciones sabaneras y costumbres estadounidenses. Era, pues, un bazar de costumbres diferentes que se acrisolaron en una cultura caribeña distinta a otras ciudades de acendrada tradición española: de todo un poco; de ello, una ciudad pujante que crecía a pasos agigantados.

Mientras samarios y cienagueros apuntaban la proa de los barcos a Europa (Bélgica, Inglaterra o España), Barranquilla se referenciaba en los Estados Unidos, Italia y Alemania, principalmente. Jóvenes emprendedores fomentaban el comercio y la industrialización: así, nació la aviación colombiana con la segunda aerolínea del mundo (SCADTA) y el primer aeródromo de Suramérica, la primera emisora comercial del país (La voz de Barranquilla). La construcción de Bocas de Ceniza permitió la entrada de buques de gran calado directamente a la ciudad; la confluencia del Río Magdalena, vías terrestres y el ferrocarril de Bolívar hicieron de “La arenosa” el puerto más importante de Colombia; el imán del desarrollo atraía gentes de todas partes en busca de mejores futuros.

La cultura también se nutría de distintos “pasaportes”: desde Aracataca hasta Cataluña, Tunja, Cartagena y el meridiano barranquillero. Siempre estará abierto el debate: ¿el Nene era cienaguero, o se atribuyó esa “nacionalidad” solo por bromear? Y nos faltaba un personaje, financiador y partícipe frecuente del grupo: Julio Mario Santo Domingo, el joven heredero que haría de su herencia la mayor riqueza de Colombia y buena parte del mundo. En Barranquilla surgían espontáneamente reconocidos personajes de toda especie y, sin falta de respeto, la reverencia palaciega hacia los protagonistas de alto coturno la dejaban para otras geografías; la ciudad tenía la personalidad de la barriada, la tradición de las casaquintas y el olor de los palos de mango.

La obra literaria del Nene se cruza con la de Gabo, a partir quizás de esa creatividad hiperbólica del caribeño, sus tertulias de trago, humo y putas, y de esos extraños y cotidianos episodios que suceden por estas tierras, el “realismo mágico”. La Casa Grande se hermana con Cien Años de Soledad. En Los Cuentos de Juana aparece un pescador que se ahoga en la Ciénaga Grande y reaparece como “El ahogado más hermoso del mundo”; la niña de los cabellos de oro encontrada en las murallas de Cartagena (Del amor y otros demonios) la describe el Nene en uno de sus cuentos. La creatividad de Cepeda aparece en sus escritos, y en dos eslóganes famosos: “Costeña y Costeñita, tan buena la grande como la chiquita”, y “Cerveza Águila, sin igual y siempre igual”. Hace 100 año nacía este gran personaje que muy joven abandonó esta dimensión terrenal. 

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

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