Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
No entiendo porque muchos investigadores abogan por superar los regionalismos, cuando la sociología, universalmente hablando, propende por su fortalecimiento como punto de anclaje para mayores y mejores potencialidades. Existen aún quienes consideran que la conflictividad puede ser reducida a lo económico. Si bien es la economía de importancia suma, no representa ella el todo. Confían los que apoyan esta línea, cuya formulación es que diferencian formas de acumulación de capital, derivan una estructura social y a partir de ahí fuerzan la explicación de fenómenos culturales y simbólicos; lo que lleva a reflexionar acerca de la monocausalidad y la complejidad, toda vez que la realidad social está moldeada por la interconexión de elementos virtualmente inacabables.
Han hablado muchos respecto que la interpretación regionalista de la sociedad es una falacia “superestructural”, concepto definitivamente arbitrario a decir de los más, dado, como está comprobado, que la comprensión regional ha sido, es y será siempre posible, obstante seguirse insistiendo en plantear que la conflictividad se reduce a lo económico, lo que lleva al enfrentamiento de dos modelos, el popular y el moderno; lo mismo que afirmarse además de forma muy aventurada, que la problemática regional ya no se la puede interpretar debido a la cosmopolitización actual de las regiones, lo que si bien es un argumento que podemos calificar de astuto, no deja de ser tanto falaz, como tramposo, engañoso y embaucador.
Somos profundamente regionalista debido principalmente a nuestra histórica desarticulación territorial y cultural, lo que no es algo que sea malo en sí mismo, sino la forma en que visualizamos y comprendemos las propias conflictividades, ya que no obstante una vez asomados como estamos a la modernización y consecuente urbanización de sus capitales, los conflictos regionales no han desaparecido de la mentalidad de los pobladores, como tampoco lo harán las interpretaciones maniqueas y forzadas de la actualidad.
Ejemplos de ello abundan. Tomemos un mapa y señalemos en él los actuales puntos de bloqueo y aproximemos la intención de voto para las próximas elecciones presidenciales, y vemos a las claras cuan difícil es comprender ese ejercicio cartográfico sin que no tenga que mediar en ello un todo que ver regional. Más allá de lo que se pueda pensar, muchas interpretaciones pecan de regionalistas, incluso sin quererlo, lo que no le hace bien a los procesos de unidad, mismos que bien y mejor pueden darse sin que se entre a tener que perder o renunciar a las propias identidades que se poseen.
Se trata de fortalecernos regionalmente, para así ayudar en mejor forma todo lo que nacionalmente deba plantearse respecto de nuestra realidad. Intentar invisibilizar el regionalismo no producirá nada bueno porque es negar procesos sociales evidentes. Insistir en ello es sumar más intolerancia, sobre todo cuando es de hecho el regionalismo un poderoso instrumento de construcción nacional a través de formas políticas ingeniosas, creativas e innovadoras.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista

