yenny paola rodriguez/ Estudiante de Administración de Empresa. Lideresa Social. Gestora Comercial

Por: Yeinny Paola Rodríguez Rivera*

Importa y se impone en beneficio colectivo recuperar el nosotros, hacerlos desde una libertad bien entendida, enseñarnos a elegir estar con otros por convicción, no por necesidad ni presión, distinguir entre compañía y conexión, multitud y comunidad, exposición y presencia. Participar activamente, transformarnos en positivo,  ganar en identidad y confianza, en el entendido y la compresión que la identidad es fruto de una cultura global que, en aras de la uniformidad, va diluyendo lo local, lo particular, lo propio; y, la confianza es consecuencia de esa pérdida: sin una identidad fuerte, sin vínculos sólidos, la confianza se debilita. Y donde no hay confianza, se fractura el tejido social que permite una convivencia real y verdaderamente humana.

La desconfianza desafortunadamente se institucionaliza, multiplica el yo, difumina el nosotros; y el otro, que debería ser promesa, aparece como amenaza, generando como consecuencia que el espacio de lo interpersonal se enfría, se encoge, se vuelve inhóspito, paisaje en el que las nuevas generaciones crecen entre vínculos frágiles, referencias inestables y un anhelo profundo e inconsciente de conexión real. Es crisis de relación para la que hay solución, para la que hay caminos, y es cultivar más las relaciones entre todos y para todos. Cultivar

Amistad, permanecer, escucharnos, compartir, acompañarnos, recuperar amistades, decir las verdades con cariño, cultivarnos familiarmente, crear hogar con amor ternura, perdón, pedir ayuda sin vergüenza, hacer de la familia el primer espacio para los fuertes vínculos que nos ayuden a no improvisar en el mañana.

Reparar los vínculos existentes, formar nuevos, educar para vínculos duraderos, profundos, libres, formarnos en inteligencia afectiva y apuntalar la capacidad de reconocer en el otro un fin, en la válida afirmación que formar vínculos requiere enseñar a mirar de manera importante con profundidad y paciencia. No se trata de idealizar las relaciones, sino de vincularse, hacer florecer lo mejor de nosotros en contexto de apuesta civilizatoria y como una forma concreta de construir esperanza.

Educar en los vínculos implica reconocer que nadie se construye solo, que el yo necesita del tú, y que la verdadera plenitud humana se alcanza en el encuentro. Es decirle no al cinismo y sí al cuidado, interrumpir la indiferencia con atención, el aislamiento con presencia, la tristeza con compañía, recordar que si algo nos define como humanos, es la vocación al encuentro, que será siempre y por siempre semilla de grandes esperanzas.

 *Estudiante de Administración de Empresa. Lideresa Social. Gestora Comercial y de Negocios.   

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