Juan Manuel Ospina Restrepo es un economista y político colombiano

Por: Juan Manuel Ospina*

El politólogo Harold Ruiz analiza cómo las peleas presidenciales y el abandono estatal convirtió a Tumaco y Rumichaca en corredores dominados por el crimen.

La frontera entre Colombia y Ecuador atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. En medio de acusaciones cruzadas, decisiones arancelarias, presiones diplomáticas y el avance silencioso del narcotráfico sobre ambos lados de la línea limítrofe, emerge una voz que conoce el territorio no desde los escritorios de Bogotá o Quito, sino desde la experiencia directa de quienes han vivido históricamente el conflicto: la del periodista, politólogo y escritor nariñense Harold Ruiz.

Con décadas dedicadas a estudiar la violencia en el suroccidente colombiano, los cultivos de uso ilícito y las dinámicas binacionales entre Colombia y Ecuador, Ruiz plantea en esta conversación que la crisis actual no nació con los recientes choques entre el presidente Gustavo Petro y el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa. Detrás de las tensiones diplomáticas hay años de abandono estatal, corredores fronterizos controlados por estructuras criminales y una economía ilegal que terminó reemplazando la presencia de ambos gobiernos en amplias zonas de frontera.

Lejos de una mirada simplista, Harold Ruiz insiste en que Colombia y Ecuador han construido históricamente una relación de hermandad cultural, económica y humana que hoy está siendo fracturada por intereses políticos, decisiones unilaterales y la expansión del narcotráfico transnacional. En su análisis, mientras los gobiernos se enfrentan públicamente, quienes realmente fortalecen su poder son los carteles y las organizaciones armadas que operan entre Tumaco, Esmeraldas, Rumichaca y Putumayo, aprovechando la debilidad institucional y la ausencia de cooperación binacional efectiva.

En esta entrevista con Juan Manuel Ospina, Ruiz también advierte sobre la influencia de factores internacionales en el deterioro de las relaciones colombo-ecuatorianas, cuestiona el manejo diplomático de la crisis y plantea que el eventual cambio de gobierno en Colombia podría abrir una oportunidad para reconstruir puentes. Pero, sobre todo, deja una reflexión de fondo: la frontera no debería ser una trinchera política ni un territorio abandonado al crimen, sino un espacio de integración entre pueblos que históricamente han aprendido a sobrevivir juntos. 

*Ex Congresista. Ex Secretario de Gobierno de Bogotá. Analista. Columnista

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