Por Enrique Herrera Araújo

@enriqueha

El censo electoral está, a hoy, en  38 millones 527 mil electores. En las elecciones presidenciales del 2018, con un censo de 36 millones, sufragaron en cada una de las dos vueltas  19 millones y medio de ciudadanos.

Con estos números para ganar en primera vuelta  (sólo Uribe, por ser el fenómeno político que es, lo logró en una sola elección, en la primera) se requerirá que el candidato obtenga  más de 10 millones de votos. Y ello es un improbable con mayúsculas para todos los candidatos de las próximas elecciones: Habrá 3 o 4 candidatos con chance para pasar a segunda vuelta por lo que la torta electoral se dividirá no por mitad sino en porciones de distintos tamaños sin que ninguno de ellos se quede con más de la mitad del ponqué.

Y ganar en primera es la única opción para  Petro  pero los números no le dan. Para ganar en primera vuelta necesita más de la mitad de los votos, es decir, más de 10 millones. Y sus números fueron: en la consulta con Caicedo 2.853 millones; en la primera 4.859 millones y en la segunda 8.047 millones. Si Petro pasa a segunda, y seguramente lo hará, su contendedor será el Presidente.  Para pasar a segunda vuelta se necesitará un poco más de  5 millones de votos.

Y esos 5 millones de votos y un poco más  deben ser el principal objetivo de Fajardo una vez resuelta la consulta interpartidista de la Coalición de la Esperanza porque a contrario de Petro, que si no gana en primera no será Presidente, Fajardo, si pasa a segunda vuelta será, muy probablemente, el Presidente.  Suena raro, pero Fajardo gana la presidencia no en la segunda vuelta, sino en la primera.   

La mecánica electoral ha convertido un sistema de dos vueltas, en tres. La que ahora hacen para formar alianzas y coaliaciones los partidos es la primera vuelta interpartidistas  y las otras dos, son las  constitucionales.

En eso están Petro, la Coalición de la Esperanza y  también acudirán a dicha figura el Uribismo con el bloque de enfoque territorial de alcaldes, gobernadores y parte del partido conservador. La U y el Liberalismo pueden sumarse a la coalición de La Esperanza porque así como Jesús dijo que “(…) nadie viene al Padre sino por mí” nadie llega a la presidencia sino pasa por las consultas interpartidistas.  

El 2022 será una vuelta de hoja en la historia política Colombiana porque los que pierdan serán pasado. Es la última oportunidad para  Petro y Fajardo; Uribe más pronto que tarde se retirará a los cuarteles de invierno. Pero, mientras tanto,  vendrá a la campaña el juego sucio y rastrero.

Coletilla: El valor clave de las instituciones es la confianza y la  Fiscalía con la absurda acusación a Fajardo la vulnera; pero también, como efecto bumerang, por lo injusta, perseguidora e indignante, resultará favoreciéndolo. 

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