JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA- Profesional en Administración y Finanzas.

Por: José Manuel Herrera Villa*

La economía circular, el crecimiento económico y la sustentabilidad, deben surgir entre nosotros como una respuesta integral a los crecientes desafíos de diversa índole que enfrentamos como país y como una apuesta por un modelo económico mayormente sustentable en contexto de la necesaria congruencia que debe existir entre las políticas públicas y económica del país, estableciendo mecanismos que incrementen la vida útil de los productos, y minimicen, recuperen, aprovechen y valoricen los residuos, en la necesidad y en esencia que tenemos respecto de reemplazar el tradicional sistema lineal de “extraer, producir, consumir y desechar” por uno en el que los recursos mantengan su valor por el mayor tiempo posible, reduciendo residuos y promoviendo prácticas de reutilización, reparación, reciclaje y valorización, para volver a integrarse a la economía. 

Concierne fijar y crear nuevas cadenas productivas, nuevos empleos verdes, reducción de costos para empresas, menos presión sobre los recursos naturales y una mejor calidad de vida para las familias, además de determinar que quien fabrica un producto también debe hacerse responsable de él cuando termina su vida útil, por lo que se obliga a la industria a innovar, rediseñar, reducir residuos, invertir en reciclaje y en procesos más limpios, dado que los problemas de contaminación del aire, agua y suelo, la pérdida acelerada de biodiversidad, el incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero y la saturación de los sistemas de disposición final se presentan hoy como desafíos estructurales. 

Científicamente está demostrado que tales efectos derivan directamente de patrones insostenibles de producción y consumo, agravados por prácticas industriales intensivas, urbanización sin planeación y un manejo inadecuado de los residuos cuya generación diaria es abismal, de las cuales la mayoría no son recolectadas y permanecen en calles, cuencas, ríos, barrancas, playas y zonas costeras. Además de existir sitios de disposición final que en importante cantidad corresponden a tiraderos a cielo abierto que incumplen con la normatividad vigente.  

Mantenemos como país en parangón con otros cuyas economías han incorporado modelos circulares, un rezago significativo. Países como Corea del Sur, Alemania y Japón alcanzan niveles de recuperación y reciclaje superiores a 80 por ciento, mientras nosotros a duras penas reciclamos entre  9 y  10 por ciento de los materiales generados, diferencia que pone en evidencia la urgencia de fortalecer la infraestructura para el reciclaje, promover la valoración de residuos y estabilizar mecanismos de trazabilidad y corresponsabilidad. 

Requerimos una normativa eficiente para que su éxito refleje una implementación efectiva, en lo que ayudará la cooperación entre autoridades y el compromiso de sectores productivos y consumidores. El cambio hacia una economía circular requiere inversión, capacitación y, en muchos casos, una transformación cultural respecto al consumo y manejo de recursos, por lo que se debe abrir la puerta a políticas de incentivos, educación ambiental y alianzas público-privadas que impulsen el desarrollo sostenible sin sacrificar competitividad. Es apostarle a un modelo de desarrollo definitivamente responsable con el medio ambiente y más competitivo en la economía global, cuya aplicación constituya una pieza clave para enfrentar la crisis de residuos, fomentar la innovación industrial y avanzar hacia una economía más verde y justa. 

*Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Proyectos de Desarrollo

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *