Saúl Alfonso Herrera Vengoechea- Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato, Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

Por: Saúl Alfonso Herrera Vengoechea*

Juventud, es el período de transición entre la infancia y la adultez, caracterizado por el desarrollo físico, psicológico y social, donde se forjan metas y se asumen responsabilidades, siendo una etapa de gran energía, creatividad y potencial de cambio social, aunque su definición de edad varía. No es solo una edad, sino una construcción social y una identidad que implica un papel activo en la sociedad, marcado por la exploración y el aprendizaje. Política, es el arte y ciencia de gobernar y organizar la vida en sociedad, gestionando el poder, los recursos y conflictos para tomar decisiones vinculantes sobre el bien común, desde el nivel del Estado hasta grupos menores, implicando la participación ciudadana y la creación de normas y políticas públicas. Su término proviene del griego polis (ciudad / Estado) y abarca la administración estatal, las ideologías y la actividad cívica. 

Importante sin duda la participación de los jóvenes en la política; más, por cuanto se ha convertido en un eje vertical dentro de los regímenes en el mundo, para la construcción, el fortalecimiento y la profundización de la democracia, la cual tiene un papel elemental y sustancial en el que los jóvenes empiezan a terciar activamente en la búsqueda de soluciones a los problemas que se suscitan en el entorno social, como empezamos a verlo en nuestro caso colombiano, a pesar de existir sectores que se han dejado manipular por elementos pertenecientes a contextos ideológicos distorsionados de las verdaderas realidades y necesidades poblacionales.

La participación de los jóvenes debe tender sí o sí a robustecer la política nacional, tener como eje principal incentivarse, involucrase en los aspectos sociales y abrirse campos para que sus ideas puedan ser propagadas, aplicadas, atendidas y canalizadas, de modo que se perfeccione el sistema político y la democracia.

De ahí la importancia que la ciudadanía en general en general actúe como un todo  trascendental para el país, y entender que una de sus tareas es la de activar a la juventud para que vaya tomando y acumulando experiencias de su entorno; esto es, que participe activamente, se involucre y se sume en todos y cada uno de los procesos democráticos que de una u otra forma tiene que ver en este amplio y especial contexto.

La juventud tiene que apuntalar el que se democratice la toma de decisiones, ya sean estas de tipo social, económico y/o político; puesto que  de una u otra manera afectan directamente. Y como jóvenes importa intervenir con ideas transformadoras y claras, que generen actividades encaminadas a construir un país mejor, mayormente justo y equitativo, donde exista la justicia social, en el que no haya espacio para el sesgo político, el odio, la polarización, el revanchismo y peor aún para la corrupción y la impunidad.

Es momento que los jóvenes le demos un viraje a la política nacional y ser de paso ese motor de cambios positivos para nuestra sociedad, los que sin lugar a ningún género de dudas mucha falta nos hace. Es mi propuesta y ojalá apostemos los jóvenes a estar más en todo cuanto traduce y representa la democracia participativa.

*Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato.  Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

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