Por: Ever Vargas Muñoz*
Se tiene muy claro y se afirma por reconocidos estudiosos de la temática, que la función principal del municipio se gesta en la planificación del desarrollo económico y social de la comuna, lo que implica una coordinación constante entre los representantes políticos, empresarios, organizaciones no gubernamentales y la comunidad en general; de ahí que las relaciones municipio / actores sociales de la comuna graviten de manera importante a la hora de influir en los proceso de toma de decisión, lo que ayuda grandemente a que la participación se entienda como ese grado de influencia formal que la población debe tener en las decisiones y programas de su gobierno local, es decir, en la capacidad de transmitir información a su gobierno de decidir lo que el gobierno debe hacer y de controlar que esas decisiones se implementen adecuadamente.
En tal sentido, es importante concebir que la participación activa de la población no comprende solo la elección de representantes al gobierno local, ni debe medirse solo en términos cuantitativos, sino que es vital entenderla como “la acción de la comunidad en la vida cotidiana en una actividad de real injerencia en la determinación de futuro, donde el gobierno local regula y favorece a construcción colectiva del quehacer dentro del territorio.
Esta visión sin embargo puede parecer simplista e ingenua frente a los hechos, ya que hay quienes rechazan la posibilidad de las políticas y programas estatales participativos, por lo que debemos reconocer que no hablamos de una propuesta de fácil ejecución ya que se trata que el Estado genere o bien ceda espacios de poder a la ciudadanía, a lo que Hanna Arendt, agrega, el núcleo de la participación es el poder, y por ello supone la capacidad humana de actuar en concierto; el poder en este sentido, no es nunca la propiedad de un individuo sino que pertenece al grupo y existe solo mientras este exista.
Lo público alude al espacio donde los ciudadanos interactúan mediante los recursos del discurso y la persuasión, descubren sus identidades y deciden, mediante la deliberación colectiva acerca de los temas de interés común. Por lo tanto, considerar a los diversos actores sociales en la construcción de ciudadanía implica necesariamente establecer una relación horizontal con la sociedad civil, permitiendo que la acción estatista involucre a los actores tanto en el diseño y evaluación de las políticas públicas con la finalidad de poder garantizar el aporte significativo a los procesos de desarrollo que se vivan al interior de cada territorio. Bajo esta lógica ser ciudadano no tiene que ver entonces sólo con los derechos reconocidos por los aparatos estatales, sino también por las prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia e identidad a quienes habitan el territorio.
En esta misma perspectiva y en este mismo sentido, podemos decir que de la participación que se puede concluir en el planteamiento sobre la amplitud y ambigüedad del concepto de participación, esta asume un contenido diverso de acuerdo al contexto político en el cual se instale, también se refiere al debilitamiento de la participación social, como resultado del quebrantamiento de la vida comunitaria y la pérdida de los valores que le otorgan sentido a la acción colectiva y finalmente existe claridad que para que el mejoramiento real de las condiciones de vida de los sectores más excluidos es necesario, ampliar los espacios y canales de participación de las personas, para que éstas puedan ser agentes activos de su propio desarrollo.
Otra distinción la hace Palma, D. (2002), el autor se refiere a ella planteando que es “una particular relación que surge (o que puede surgir) en el encuentro de dos dinámicas: una es la capacidad de participar, que son las aptitudes, habilidades y recursos que los sectores llamados a incorporarse en esta empresa común, han venido acumulando a través de sus prácticas y de la reflexión sobre estas y que traen como aporte a esa empresa común; otra es la oportunidad de participar, y ahora estamos mirando el espacio, inscrito en el diseño del programa, que permite o limita el ejercicio de la capacidad participativa”. Y agrega: “podemos hablar de participación cuando se ha provocado una adecuación entre estas dos dinámicas.”.
La ciudadanía implica la disposición a contribuir en los asuntos públicos de una comunidad, como una propuesta revitalizadora de la democracia. Por lo tanto, la participación ciudadana es considerada como un proceso que facilita las instancias para participar tanto en las instituciones como en la gente, permitiendo de esta manera, una toma de consciencia de los derechos y obligaciones del ciudadano, además de obtener acceso al conocimiento y a la información, con la finalidad de hacer un uso eficiente de los espacios de encuentro y concertación entre la administración local y la ciudadanía. De acuerdo a lo anterior la participación es un proceso que se verifica constantemente en el hacer, esto se materializa a través de las diferentes acciones que los actores sociales realizan, que pueden ir desde el levantamiento de problemas hasta el control ciudadano; en este sentido la participación se asocia al concepto de ciudadanía.
*Líder Social, Comunitario y Deportivo. Columnista.*

