inocencio melendez julio. Doctor en Derecho Contractual. Estancia Altos Estudios Postdoctorales en Arbitraje.

Por: Inocencio Meléndez Julio*

“A propósito de la cancelación de la asistencia de los escritores Laura Restrepo y compañía limitada al Hay Festival en Cartagena, por la invitación a la Nobel de La Paz, María Corina Machado Parisca y a la entrega de las llaves de la ciudad por parte del Alcalde Dumek Turbay.

Hay una verdad que el mundo cultural latinoamericano se resiste a admitir: una parte de la izquierda intelectual se ha convertido en aquello que dice combatir. Autoritaria, excluyente, dogmática y profundamente intolerante.

Las cancelaciones de Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Mikaelah Drullard en el Hay Festival Cartagena no son un acto de dignidad ni de conciencia. Son, lisa y llanamente, un ejercicio de izquierda radical que no tolera la diferencia. Cancelar no es disentir: es imponer. Disentir es debatir. Cancelar es expulsar.

Estos autores no dijeron: “no comparto sus ideas”. Dijeron, en la práctica: “si ella habla, yo no participo”. Es una doble moral, estuvieron felices cuando a Santos lo galardonaron con el novel de la Paz, por la negociación con las Farc, hoy Comunes, que habían cometido delitos atroces de lesa humanidad, violación a mujeres y niños menores de edad, curules por decreto. Felices con el premio a Santos, que desconoció el resultado del plebiscito en contra de la voluntad del pueblo, al igual que Maduro que se robó las elecciones donde abiertamente ganó Edmundo González. Esas son las decisiones y actuaciones intolerantes y descaradas de quienes reclaman tolerancia, diálogo y paz cuando los beneficiados son ellos. Eso no es pluralismo. Eso es chantaje ideológico.

María Corina Machado no fue invitada para evangelizar, adoctrinar ni hacer propaganda. Fue invitada para hablar, para existir en el espacio público. Y esa sola existencia fue suficiente para activar el reflejo autoritario de una izquierda que solo cree en la libertad cuando piensa igual.

Intelectuales que no leen al que piensa distinto. La paradoja es grotesca: Quienes viven de la palabra escrita le temen a la palabra ajena. Restrepo, Caputo y Drullard no defendieron valores culturales. Defendieron su burbuja ideológica. Se negaron a compartir escenario no con un dictador, no con un criminal, sino con una líder democrática que enfrenta una dictadura real. Eso revela algo más profundo y más incómodo: para esta izquierda radical, el enemigo no es la tiranía, sino el liberalismo. Radicales, excluyentes, intolerantes,

Llamemos las cosas por su nombre: •Es radical quien se niega a convivir con la diferencia. •Es excluyente quien pretende decidir quién merece ser escuchado. •Es intolerante quien abandona el debate porque no controla el micrófono. No hay superioridad moral en retirarse del diálogo. Hay miedo, soberbia y dogmatismo.

Coherencia democrática: también elegimos no leerlos.

Si estos escritores consideran legítimo retirarse y cancelar espacios porque no aceptan convivir con quienes no son de izquierda, entonces corresponde una respuesta igual de clara desde el otro lado del espectro democrático: No leerlos. No promoverlos. No comprar sus libros. No financiarlos con atención ni prestigio. No es censura. Es coherencia. La cultura no es un derecho automático al aplauso. Quien desprecia al lector que piensa distinto no puede exigir que ese lector lo siga consumiendo.

La cultura secuestrada por el dogma. El problema no es una invitación. El problema es una izquierda cultural que se cree dueña del espacio público, árbitro moral del debate y juez de legitimidad democrática. Esa izquierda no dialoga. Se retira, cancela y señala. No persuade. Excluye. No convence. Imponen silencios. Y cuando la cultura se vuelve trinchera, deja de ser cultura.

Una advertencia necesaria. Colombia y América Latina necesitan más debate, no menos. Más voces, no vetos.

Más libertad, no dogmas. Quien no puede convivir con la diferencia no es un defensor de la democracia, por más libros que publique o premios que reciba. La intolerancia, aunque se vista de literatura, sigue siendo 

*Jurista. Analista. Escritor. Columnista. Doctor en Derecho – UNED (España). Postdoctor en Arbitraje, Universidad de Salamanca

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