Por: Alfredo León Leyva*
Las llamadas en la historia “Fiestas Duales”, celebraciones paganas con asentamiento griego en donde se destacan: “Las Panateneas, Las Dionisias, las Tesmoforias y, la Carneas; y de estas se encuentran detalles de ellas en Esparta, Atenas, y en todo la comprensión del mundo griego, conteniendo rituales estacionales de fertilidad en agradecimiento del orden de ciclos agrícolas, climáticos estacionarios, y de eventos mitológicos y religiosos.
Según la tradición, el mítico rey Cécrope instauró las Panateneas, aunque su forma definitiva se le atribuye al legislador ateniense Solón en el siglo VI a. C; celebrándose inicialmente anualmente, las llamadas Panateneas Menores. Sin embargo, a partir del año 566 antes de Cristo, Pisístrato instituyó las Grandes Panateneas, que se celebraban cada cuatro años con mayor pompa y esplendor.
Después en el tiempo el imperio Romano, prolífico en celebraciones paganas para satisfacer al pueblo, y de entre esas se resalta: “Las Saturnales”, sucedidas o celebradas en el último mes del año (diciembre), cuando las cosechas o vendimia se recogían y los ciudadanos y sus núcleos familiares tenían más tiempo para celebrar un ciclo más de vida. Tiempo mágico éste que desde entonces se hace maravilloso en todos los pueblos, momento en que el sol refulge potente y los días vuelven a alargarse y se conoció como “El sol Invicto” representando el triunfo de la vida sobre la muerte (resurrección) y, la luz sobre la oscuridad; y esto es lo que nosotros hoy llamamos: Solsticio de Invierno, cuando el sol en diciembre se acerca al trópico de capricornio situado en el cono sur.
El sol del que depende toda vida en la Tierra, considerado un dios en muchísimas culturas, y que en el momento de su “resurrección o renacimiento”, se establecía como la fiesta más importante del año. Pero se encuentran en la historia recuentos que señalan a sacerdotes iraníes que conmemoraban el nacimiento del dios Mitra el 25 de diciembre; dios éste de origen persa emparentado con el culto al sol y a la luz, y fue llevado de uno a otro lado en su múltiples desplazamiento tenidos por las legiones romanas por el mundo de entonces. Se desconoce por qué Mitra deslumbró especialmente a los soldados legionarios romanos; gozando de una adoración y un culto arraigado y extendido hasta casi convertirse en la religión oficial del Imperio, antes de que Constantino estableciera estas dentro de las costumbre cristianas.
Las fiestas “saturnalias o saturnales”, celebradas en Roma en honor al dios Saturno, dios de las cosechas, iniciaban el 17 del mes doce del año; y consistía en un gran banquete y fiesta pública financiada por el Estado con derroches de excesos en comida y bebidas, permitiendo el roce entre las distintas clases sociales, inclusive con los esclavos que hacia romper el esquema solo por una semana cada año. Culminaba este festejo el día 25, cuando se daba inicio a la festividad del Sol Invicto; así por dos siglos en que los emperadores Romanos buscaron aunar a todos los adoradores paganos en torno a una única fiesta en los dos primeros siglos del cristianismo; adornando las casas con velas, plantas, flores, toldos y pinturas, y estableciendo la costumbre en las familias de reunirse para cenar juntos e intercambiar presentes.
La Iglesia católica reconoce no saber la fecha oficial del nacimiento de Jesucristo, y sigue siendo indeterminado saber cuál fue el día en que nació Jesús. La fecha para el festejo de la Navidad se estableció lo más cercana posible a la fiesta del Sol Invicto, al nacimiento de Mitra, o del egipcio Horus. Jesús debió nacer cerca del Solsticio de invierno, como el Dios naciente, simbolizando y absorbiendo el significado en concordancia de los nacimientos de los dioses más antiguos; y dicha fecha permitía además de aprovechar la tradición de los paganos, la celebración que extendida durante varios días para celebrar la magnitud de ese momento.
Al amanecer del 26 de diciembre, cuando el sol empieza un nuevo ciclo, se celebraba la fiesta de Háloa, festival iniciático de origen griego, en el que se rendía tributo al campo preparado de nuevo para la siembra, den nombre de la diosa Ceres, dedicada exclusivamente a las mujeres sin restricción de edad o clase social. Los festejos se caracterizaban normalmente por la ostentación de símbolos sexuales, burlas groseras, prácticas lésbicas, chistes, extendidas más allá del día de su celebración. Y de hecho se cree que una de las hipótesis, es la costumbre de gastar bromas el 28 de diciembre, y que hoy conocemos en la tradición bajo la denominación cristiana como el día de los Santos Inocentes.
Algo hay en este tiempo de fin año, en mi región que baña el mar caribe, la brisa acaricia la piel despertando un sentimiento de alegría, gozo, y algo de nostalgia por lo que ya no vemos; y es común cargar con tales emociones que hace de esta época del año, los deseos de compartir las bondades guardadas durante once meses para expresarlas a nuestros congéneres, aun cuando no lo conozcamos y sea que casual tropezamos en el tránsito de un andén; en la mirada de un adulto mayor, o en la candidez del niño que nos observa con admiración; o en el sitio donde compramos parte de esa alegría que compartimos todos en el vestir ropa y calzados nuevos, y en los platos de comidas variadas que solo vemos en Navidad.
Es esta época del año como si el olvido de lo malo que nos sucedió ya es ido, y la esperanza resucita cada doce meses traído a nuestro corazón por ese Jesús que mora en nuestro interior desde la infancia.
Benditas fiestas de navidad tengan todos…
*Ingeniero. Analista. Columnista

