Omar Escobar Economista

Por: Ec. Omar Escobar.

Actualmente, está en curso otra fase del programa militar estadounidense, y está dirigida a la guerra psicológica contra Venezuela, acompañada de sofisticadas armas de precisión para destruir todo objetivo militar, sin siquiera haber entrado a las aguas territoriales de Venezuela. Son acciones abiertas dirigidas a socavar la economía y aislar dicha república, tal cual pasa con Cuba. El hostigamiento militar y el ahogamiento de la economía son medidas claves no solo para forzar la salida de Maduro, sino que se convierte en una advertencia a los gobiernos -de izquierda- no proclives a USA. La estrategia esta sembrada desde el congreso norteamericano al estigmatizar “legalmente” a cualquier gobierno, con el mote de “terrorista”.

Por otra parte, el trato de Trump, hacia la China comunista, es diferente al socialista “pobre” del sur, que además de pobre es estúpido según sus propias palabras. De allí que no es casual que a Petro lo asemeje a Maduro – luego con Ortega- como dos personajes aliados al narcotráfico… suficiente justificación para invadir a los dos países y luego a Nicaragua y Cuba. El trato es diferente, porque es diferente los objetivos estratégicos del supremacista, en este nuevo milenio.

Los efectos iniciales de la segunda fase, son devastadores para Colombia. Primero por el efecto migracional, pues sería una segunda ola masiva de desplazados, forzados por un conflicto interno y armado hasta el empoderamiento de grupos armados que controlan grandes partes de la frontera colombo-venezolana; es muy probable que se desate una guerra civil prolongada que dispararía la migración venezolana como nunca antes. El pasado advierte que una guerra civil es muchas veces peor que una guerra convencional. Nos llevaría a casos extremos de división y polarización política, social, regional y hasta racial, ahogando a la inerme población civil. Esta situación le abre el camino a Trump para inmiscuirse en la política local… como actualmente lo está haciendo de manera abierta y con recursos para financiar partidos de derecha, proclives a USA, consolidar el pensamiento de derecha no solo en los países del sur sino en los organismos supranacionales.

Estamos al quiebre de un sistema que se había caracterizado por una política relativamente estable a fin de explotar eficientemente los pocos recursos energéticos de Latinoamérica para volver a la verdadera expoliación de los mismos. USA, se había propuesto sostener una dominación global – que casi la logra -. Hoy la misión estratégica es ampliar su soberanía, re potencializar su poder militar y reavivar una cultura bajo criterios estrictamente transaccionales. Para su país, no está mal. El problema es quien lo hace. Ellos son personajes caracterizados por un marcado racismo y clasismo, con odio al diferente. Se ve claramente en personalidades como la de Tump y sus simpatizantes en el resto del mundo.  

No será casual que se abandone el modelo democrático, rechazando a los organismos que limiten la soberanía, pues necesita defenderse frente a la injerencia China cuyo potencial tecnológico crece como la espuma. Su objetivo estratégico es evitar que potencias rivales dominen regiones y sectores estratégicos. Lo que viene es el nacionalismo soberanista que combina el poder militar, el proteccionismo económico y la desconfianza, conllevando a la perdida de la privacidad del individuo… quien es un artífice del sistema, y un incivilizado, bárbaro e indio cuando el individuo es foráneo, inmigrante y para colmo diferente.

No es difícil presagiar que país que no agacha la cabeza, califica para su eliminación sistemática y planificada. USA tiene todo el poder para invadir, perdón -intervenir-con el “noble” propósito de “estabilizar” y poner orden a los países que suponen una amenaza a la “democracia”. En palabras de Trump: “después de años de abandono, EEUU reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”

Logro vislumbrar que hay tres aspectos a desarrollar en su agenda: Primero, debilitar a la China mediante medidas restrictivas a los usuarios de productos chinos. Dos, apoyo a los partidos y lideres con tendencia derechista – no conservadora- en cualquier parte del mundo, y tres, pasar su problema migratorio hacia los países tercermundistas.

Si Donald Trump va de frente, también, de frente ha de ser la resistencia contra este supremacista. No se requiere lideres tibios, ni arrastrados que le cedan terreno y recursos a la deteriorada tierra de la libertad… se espera que nuestras oligarquías dejen de ser cipayas, cuando América Latina, en el contexto de la era digital, tiene una nueva oportunidad histórica.

Colombia tiene peso geopolítico y experiencia política y puede liderar una respuesta regional basada en intereses propios, pero también grandes serán los riesgos… así lo fue América del Norte.

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