anny herrera villa- Ingeniera Industrial

Por: Anny Margarita Herrera Villa*

La dignidad humana debe ser siempre un todo intangible, por lo que se le debe y deberá siempre respetar y proteger como una obligación ineludible del poder público, lo que es principio fecundo del derecho de las naciones con vocación democrática. a efecto que orienten a las instituciones en el cabal cumplimiento de sus deberes. Los mejores políticos, se dice en los círculos de la intelectualidad superior, son los que han evitado males, sin que ello traduzca no darle el valor que merecen quienes han conducido a sus pueblos a mejores niveles de bienestar, pero los primeros tienen sin duda mayor preeminencia por haber resistido la embestida de alguna o algunas calamidades.

Como ejemplos de lo expuesto tenemos y lo registra la historia. Abraham Lincoln, evitó que se disolviera una nación por la abolición de la esclavitud. Benito Juárez, impidió que Francia estableciera un imperio; y, Winston Churchill, propició el fracaso de Hitler en su intento de dominar Europa. Encabezaron ellos en nsu momento la defensa de la dignidad, la capacidad intelectual y la integridad de las personas para decidir y cumplir derechos y obligaciones.

La dignidad es concepto afín con la vergüenza. Quien pierde su autoestima es indigno y desvergonzado. Quien, en una tarea de servicio público, cede a las tentaciones y no es congruente con su juramento de asumirla, deviene un personaje discapacitado moralmente que ha perdido el honor. Es este un tema eje de reflexiones religiosas, éticas, políticas y jurídicas desde siempre. Enmanuel Kant, al respecto nos dice que, ningún ser humano puede no poseer dignidad en tanto que tiene por lo menos, la dignidad del ciudadano. Es libre albedrío, respeto a su humanidad, calidad de persona; de ahí que se hable de formas de degradación tales como bestialización, instrumentalización, infantilización y demonización, que de utilizarse con claros indicadores que la ineptitud gubernamental es una forma de agredir la dignidad ciudadana.

No perdamos de vista que los atropellos a la dignidad no se miden cuantitativamente. Uno solo basta para evidenciar la inmoralidad de un gobierno. La bárbara acción de despojar de sus derechos a los trabajadores es ignominia. El debate sobre el Estado de derecho globalizado y sus diversas implicaciones es cada vez más intenso y se reafirma la necesidad de organismos supranacionales que generen consensos para coordinar acciones que trasciendan fronteras. Es por lo cual que requerimos de una sociedad que con demostrada  enjundia defienda su dignidad. Preservemos desde ya las generaciones por venir. 

*Ingeniera Industrial. Especializada de Proyectos de Desarrollo

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