Por: Alfredo León Leyva*
¿Quieres ver esta película? Es la mejor de las que se han producido: Me preguntaron más de una vez en varios momentos de mi vida. Y siempre contesté: No, ya vi el Padrino.
Cierto, después de verme El Padrino, sea cual fuere el celuloide de moda no me interesaba. Había visto la historia de Mario Puzzo, con el mejor elenco de actores que se haya reunido jamás para una filmación; la banda sonora única que guía el sentimiento en cada escena, y la ambientación no admite situarse en un lugar diferente que no sea el que muestra la escena que se ve a témpora.
¿Podrá mostrarse una tragedia mejor? Los momentos que vive una familia del común, respeto a la autoridad del padre que como ejemplo respeta a su esposa y a su familia; los hijos aprenden la obediencia con el amor manifiesto al padre en casa y fuera de ella, sabiendo que es el poderoso de la familia y la última palabra allí y acullá.
¿Y qué tal la lealtad pactada entre amigos? Caramba, hasta he pensado que las enseñanzas obtenidas de esta historia filmada son fáciles de aprender, y hasta deberían pasarla periódicamente a las nuevas generaciones en busca de rescatar el honor, el respeto, la sinceridad, la amistad, y también el utilitarismo cuando es merecido. Además, el principio de economía al definir qué es un empresario, y qué es una empresa.
Pero recuerdo que es una tragedia El Padrino, y creen que podrá decir mejor una escena: ¿qué lo que dice esta cuando asesinan a la hija de Mike a la salida del teatro? La locura se introduce en el pensamiento cuando ves que un corazón duro también conoce el desgarro que produce el dolor en lo más profundo del ser humano, y no alcanza el grito salir aunque la garganta y la boca estén espernancadas y así lo gesticulen. Cárajo, no digo más: me antoja volver a ver El Padrino.
*Ingeniero. Analista, Columnista

