Iván Bohórquez Zapata

Por: Iván Bohórquez Zapata*

Ni los solos discursos ni la vieja manera de hacer política salvarán a la humanidad. Hay que renovar la política tradicional. Adentrarnos en el querer y las prioridades de la comunidad. Librarla de los males que la han llevado a languidecer. Hacerla relevante. En lo que importa, ir tras un porvenir de sueños ciertos. No más políticos trasegando los lindes de la estupidez, que es, entre otros lastres, dar la espalda a los problemas de sus electores y colectividad. No más decadencia, pues se impone reflejar en todas las acciones el querer de una ciudadanía plena de diálogos, acercamientos, prosperidad, seguridad y justicia, en lo que toca jugarnos todos a fondo en defensa y por la supervivencia de la democracia, para con ello comprobar los objetivos de su dimensión histórica.

Interesa sobremanera una nueva política que se recomiende por sí misma, por sí sola, para que nunca más vayamos al fracaso. Muchas son las razones para cambiar, para transformar, en lo que ayudarán civismo, serenidad, centralidad y tolerancia. No podemos como pueblos seguir propensos a las malas aventuras ni sujetos a ”salvadores”, como tampoco a los demagogos y populistas. Evitarlos nos hará territorios y pueblos caminando con paso firme hacia integrales desarrollos.

Tenemos que ir hacia una amplia política social que brinde transformaciones económicas, sociales y políticas, con propuestas claves para enfrentar la situación de deterioro imperante, debiéndose analizar y solucionar los problemas que más afectan a las regiones, particularmente, la pobreza y inequidad social, el deterioro del trabajo y del empleo, la situación crítica de la infancia, el acceso a servicios de salud, ambiente, educación, violencia e inseguridad pública, por lo que importa en manera necesaria, importante y urgente pensar una nueva política social que armonice todos los componentes y rompa con las erróneas percepciones existentes respecto del superfluo papel de la política social, la cual, de brindarse como debe y tiene que ser, reivindica con creces el papel del Estado, la participación de la sociedad civil, al tiempo que exalta las potencialidades para un desarrollo social integral y sostenible, máxime cuando nos presiona el afán de recuperar a plenitud la política social para dar la lucha contra los serios niveles de pobreza que agobian a gran parte de la población, en un país que abunda en riquezas tanto potenciales como reales, a fin de no seguir conducidos a serios errores, sino para adentrarnos por los cauces de un desarrollo integral con equidad.

Necesitamos una política social activa, vigorosa, clave lo cual para un desarrollo sostenible y una legitimidad ética fundante, más cuando es sabido que la pobreza es un agravio a la dignidad humana, y que las grandes inequidades atentan contra la moral básica. Es construir un modelo de desarrollo integral, productivo y equitativo, para superar la pobreza y la iniquidad; toda vez que los daños que causa la pobreza son irreversibles, razón por la que el cambio social no admite dilaciones; más cuando se empieza a perder sensibilidad frente a los males de la pobreza, lo mismo que perdiéndose la capacidad de indignación ante la injusticia. Es comprender que una nueva forma de hacer política debe llevarnos de la mano a recuperar todas las capacidades posibles para para dar la lucha por un desarrollo incluyente y nunca excluyente.

* Iván Bohórquez Zapata Administrador Público. Especializado en Gerencia de Proyectos de Desarrollo. @ivnBohorquez1 ibozap@yahoo.es

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.